La Voz de Galicia, 4 de septiembre de 2021

Por SANDRA FAGINAS

Emociona en estos tiempos voraces saber que hay gente buena. Personas que se alegran de lo ajeno, que despiertan el sentimiento de la compasión y que proyectan generosidad. Lo hemos visto esta semana en el mensaje público que Carles Francino le mandó a Julia Otero por su vuelta al trabajo después del parón por su enfermedad. Él e Isaías Lafuente no perdieron la oportunidad de dirigirse a su audiencia para aplaudir el regreso de una profesional que trabaja en otro medio de comunicación. Ese gesto, tan excepcional como desinteresado, se convirtió de pronto en un huracán de cariño en las redes sociales que evidenciaron la grandeza de los compañeros de la radio. Acostumbrados como estamos a ver en la televisión las garras afiladas, las heridas de muerte, las víboras que salen por la boca con la intención de dañar al otro, las envidias y los odios que tantas horas llenan de parrilla, la radio nos ha dado esta semana otra lección de buen hacer y de buen ser. El ruido que se ha instalado en muchos programas de televisión, entre compañeros incluso que comparten plató, eleva una carga de mala energía que acaba por aclimatar al público a una toxicidad que ensucia y empaña. Francino nos ha traído en esos segundos de recuerdo a Julia una ligera brisa de una bondad mucho más inspiradora. Ojalá viviésemos contagiados de esa buena vibración que enseñan los grandes maestros.


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