Editorial del 21 de marzo de 2026
La naturaleza siempre cumple su palabra y hagamos las tropelías que sea los humanos, ella mantiene su promesa de sol, campiñas y prados de mil colores y perfume de azahar y naranjo en muchas zonas de España.
Es verdad que la insensatez e irresponsabilidad de unos locos con carné -cómo me gusta esa expresión de Serrat en una canción- nos están colocando en un invierno oscuro y en un lugar a un paso del abismo.
La guerra no es ese videojuego infame que distribuyó la Casa Blanca, pero es verdad que mandan unos auténticos villanos que parecen de película de serie B. El villano en jefe, Trump, se divierte con los bombardeos y suma otra muesca más en su hoja de servicios, amenazando también a Cuba con hacer con ella lo que le venga en gana.
Pero como el optimismo es lo único que puede vacunarnos contra la resignación, aquí estamos, en pie y primaverales. La revolución de la alegría, como antídoto del conformismo, es la respuesta. Confiemos en que en noviembre -ya sé que falta mucho- los votantes americanos acabarán con esta pesadilla y el pato sea de verdad cojo, que es como definen en USA a los presidentes a medio mandato.
