Editorial del 28 de marzo de 2026

Está acabando una semana en la que ha pasado todo a la vez en todas partes, como decía el título de aquella película tan oscarizada de hace tres años.

Por ejemplo, está pasando que los extremeños, los aragoneses y los castellano leoneses no saben cuándo ni cómo va a ser el gobierno de su comunidad. O si tendrán que volver a votar, incluso. Y al mismo tiempo, pasa que en otra parte se viene nueva campaña electoral, en Andalucía. Es un carrusel de negociaciones entre dos partidos que se detestan cordialmente porque salen de la misma masa madre pero tienen que disimularlo.

Todo a la vez en todas partes también en la capital del Imperio. Trump dispara en todas direcciones: a veces amenaza con reventar a los iraníes a bombazos; otras declara una tregua, a continuación se ríe de que no tiene con quién hablar porque los mataron a todos, mientras habla del estrecho de Ormuz que él mismo y "Un" ayatolá van a controlar.

Todo a la vez en Oriente Próximo, mientras en otra parte, en Wall Street, unos cuantos amigotes de Trump se hicieron multimillonarios, apostando a que el petróleo bajaba, media hora antes de que en efecto bajase por un tweet de ese señor que algunos consideran perturbado, pero que está cuerdísimo para forrarse. Está calculado: 11 mil millones de dólares ha ganado desde que está en la Casa Blanca.

Todo a la vez en todas partes. Es agotador, pero hay bombilla al final del túnel: en Italia perdió el referéndum la señora Meloni, en Francia, a los de Le Pen tampoco les fue como esperaban las elecciones municipales, y algo no huele a podrido en Dinamarca sino a rosas porque ganó la presidenta socialdemócrata.