Editorial del 14 de marzo de 2026

Dos semanas se cumplen de una guerra que, según Trump, iba a ocuparle cuatro días. Creyó que acabando con la cúpula del poder en Irán solo era cuestión de encontrar un Delcy Rodríguez iraní que se pusiera de cara. Pero eso sólo podía pensarlo un ignorante o un irresponsable. O ambas cosas.

Hemos visto esta semana cosas que no creeríamos: por ejemplo, que se libere la mayor cantidad de la historia de reservas de petróleo para contrarrestar el que no está saliendo por el estrecho de Ormuz. Pero todo es inútil porque la inflación volverá a morder los bolsillos y las hipotecas volverán a subir. El euríbor no tardó nada en marcarse un subidón histórico.

Por no hablar de esas almas patrióticas que corrieron a aumentar precios mucho antes de que ellos tuvieran que pagar ni un céntimo más, stocks incluidos. Personas con moral podrida que aprovechan las dificultades de los ciudadanos para hacer caja.

En esas estábamos cuando llegó Ursula Von Der Leyen a decirnos que Europa no tiene por qué ser la guardiana del viejo orden. Algunas decenas de broncas después, entre ellas, las de presidentes y primeros ministros, obraron el famoso milagro de Marx, el de Groucho Marx: "Si no os gusta lo que dije, salgo y digo lo contrario". "Tenemos un compromiso inquebrantable con la paz y el derecho internacional". Ojo al adjetivo: Inquebrantable. Con dos ovarios.

A todo esto aquí estamos para alegrarles el sábado. Como le dijo Ilsa a Rick en Casablanca, "el mundo se desmorona, y nosotros nos enamoramos". El mundo se desmorona y nosotros haciendo radio y tramando cómo divertirles.