Entrevista publicada en la revista Lecturas
Texto: E. Navarrete

Su naturalidad y espontaneidad han conquistado los corazones de los televidentes, mientras su fama se extiende a ritmo de vértigo: "La popularidad me produce una gran inquietud", afirma Julia, que también se reconoce coqueta, tímida y celosa en lo sentimental.

Desde que en enero del año pasado apareció con su melena totalmente lisa y rubia y su natural espontaneidad en la pantalla de televisión, presentando el programa concurso "3 x 4", Julia Otero se ha convertido en uno de los personajes más populares y queridos del país. Recientemente, hace apenas un mes, ha estrenado un nuevo programa de entrevistas en la programación catalana del segundo canal de TVE, titulado "La lluna". Esta prueba la ha pasado también con éxito y en las últimas encuestas sobre las presentadoras de televisión encabeza la lista de las periodistas más simpáticas y naturales ante las cámaras.

- Julia, ¿a qué crees tú que se debe ese altísimo nivel de popularidad que has conseguido y que se incrementa con una velocidad de vértigo, día a día?

- Sobre todo ha aumentado mucho en este último mes y medio, más o menos. A los pocos días de hacer el "3 x 4" yo ya noté una reacción muy rápida por parte de la gente que se ha mantenido durante todo un año. Durante este tiempo he ido viviendo en la calle cómo se ha producido el fenómeno de la popularidad. Al principio, la gente decía "una chica de la tele" luego "la chica del "3 x 4", después "Julia Otero" y ahora ya soy simplemente Julia. Luego llegó un momento que ese conocimiento de mi persona por parte de la gente se estabilizó, pero de pronto, desde hace unos dos meses para acá, se ha vuelto a disparar, y aún no sé muy bien las claves del porqué ha sucedido. La lluna es un programa exclusivamente de Cataluña y en cambio ese aumento de popularidad se ha extendido también a nivel nacional. No entiendo muy bien lo que ha ocurrido y por eso estoy teniendo el mismo miedo que sentía al principio. El miedo que me produce el no saber a dónde voy. Tengo una sensación extraña de que no sé qué me va a pasar y tengo miedo porque no controlo lo que sucede a mi alrededor y eso siempre me ha producido una gran inquietud. Me gusta tenerlo todo muy agarrado y en estos momentos la situación se me escapa de las manos.

Julia Otero lleva algo más de dos años casada con el también periodista Ramón Pellicer, que hasta finales del año pasado, que empezó a trabajar como presentador del telediario del mediodía en TV-3, prestaba sus servicios profesionales en una emisora de radio catalana, labor que compaginaba con su puesto de profesor en la facultad de Periodismo de Bellaterra, cargo que todavía ocupa.

- Hace unos meses, al comentar la hipotética situación de que tu marido trabajara algún día en televisión, tú decías que sería algo que te gustaría y lo argumentabas de la siguiente forma: "Así comprendería algunas de las situaciones que padezco yo ahora". ¿Las ha empezado a comprender ya?

- No, todavía no, porque se ha dado ese paralelismo de situaciones. Por mucha popularidad que adquiera Ramón haciendo un informativo, nunca llegará a adquirir la fama que se coge llevando un programa de las características del "3 x 4". Por lo demás, yo me siento como muy acompañada cuando por ejemplo vamos a un restaurante y la gente, además de mirarme a mí, también le mira a él.

- Pero me da la impresión de que, para la gente de la calle, Ramón sigue siendo el marido de Julia Otero...

- Sobre todo fuera de Cataluña, porque evidentemente no le conocen. Pero aquí unas veces él va de "señor de" y otras soy yo la que voy de "señora de", aunque, claro, yo llevo más tiempo en pantalla y es lógico que me conozcan más.

- ¿Y a él le molesta esta situación?

- No. Como él es un hombre inteligente y seguro de sí mismo, que no necesita de la inseguridad o el fracaso ajeno, como les pasa a muchos hombres con respecto a sus mujeres, pues lo lleva muy bien.

- ¿O sea, que no se produce ninguna situación de celos profesionales entre los dos?

- Absolutamente ninguna, al contrario. El presume de mí, en el mejor sentido de la expresión, tanto como yo de él. Presume de que a su mujer le van bien las cosas, de que se la considera en su trabajo... y eso está muy bien. Yo sigo pensando, como cuando le conocí, que pertenece a una especie de hombre de los que no abundan mucho. Hay pocos maridos que acepten el éxito profesional de sus mujeres.

- ¿Soléis analizaros vuestros respectivos trabajos? ¿Es decir, os ponéis los vídeos de vuestros programas y comentáis lo que está bien, lo que está mal o lo que se puede mejorar?

- Sí, los vemos con cierta asiduidad. Entre otras cosas porque si no viéramos el vídeo, ninguno de los dos podría seguir el trabajo del otro, porque cuando yo termino de hacer el programa a las dos y media de la tarde, él empieza el suyo.

- ¿Cómo conociste a Ramón, tu marido?

- Fue en una rueda de prensa. Y nos casamos aquí, en Barcelona.

- No es lo mismo vestirse para ir a un trabajo normal que para salir en televisión. Me imagino que por las mañanas en tu casa se debe oír muy a menudo eso de esta corbata me combina con esta camisa o este jersey con esta falda...

- En mi caso no, porque yo salgo vestida con mi ropa personal y luego me cambio en el plató, en donde tengo preparado el vestuario de toda la semana. Pero Ramón sí sale ya con el traje que va a aparecer en pantalla y por las noches le echo una mano para elegir, sobre todo la corbata, que es el último detalle y, además, es el que a mí más me gusta. Yo disfruto haciéndole las combinaciones de las corbatas con el resto de la indumentaria.

- ¿Le compras las corbatas tú también?

- Antes sí, le compraba algunas, pero desde que empezó su etapa en TV3, las elige él junto a la estilista de televisión y ahí, evidentemente, yo no me puedo meter.

- ¿Cuál de los dos es más coqueto, más presumido... ?

- Pues yo casi diría que él "responde pensativa", aunque yo también lo soy mucho. Los dos somos muy coquetos y lógicamente, al salir por televisión, aparte de la coquetería tienes que acostumbrarte a cuidar ciertas partes de ti. Aunque seas un hombre tienes que cuidarte la piel porque el maquillaje que se usa para televisión estropea el cutis sin distinción de sexos. Como mínimo, le he convencido de que hay que ponerse una crema hidratante cada noche para que la piel no se le caiga a trizas. Cosa que ya está muy extendida en los hombres, yo creo que ya no hay ningún "yuppie" que salga a la calle por las mañanas sin una crema nutritiva en su cara. Afortunadamente los señores ya se han dado cuenta que el hecho de ser hombre no les exime de envejecer rápidamente si no se cuidan.

Obviamente, Julia se esmera también en sus cuidados personales. "Sobre todo la piel y el pelo, que se reseca mucho al tener que utilizar el secador cada día. Para mantenerse en forma juega al tenis o hace algo de ejercicio siempre que sus obligaciones profesionales se lo permiten, y en cuanto a la comida, dice que toma de todo, pero que evita las cosas que engordan en exceso, "aunque de vez en cuando hay que sucumbir a la tentación de comerse algún pastel porque si siempre te reprimes, al final acabas pegándote un atracón".

- Si hago todo esto es porque me gusta sentirme bien. Si tú te ves mejor, más guapa, tu relación con los demás también es más positiva -dice.

- Julia, ¿tú crees que la coquetería puede ser también un elemento de comunicación en las entrevistas? Cuando entrevistaste a Kasparov utilizaste esta fórmula y la verdad es que el resultado fue realmente inmejorable...

- Bueno, si te digo la dedicatoria que me hizo en su libro "El hijo del cambio" te puedes morir... Me dejó un ejemplar en el "hall" del hotel Ritz, en donde se hospedaba. El hizo la dedicatoria en ruso en un papel y pidió que se la tradujeran al castellano y entonces la escribió en el libro con su puño y letra. ¿A ver si recuerdo exactamente cómo era? Sí, sí, decía así: «En recuerdo de nuestra pública intimidad. Nuestra comunicación parecía dura, pero "nuestros maravillosos ojos" eran dulces. Hasta siempre. Gary Kasparov».

"Yo creo que la coquetería -sigue diciendo- es importante fomentarla sobre todo en determinadas entrevistas. En el caso de Kasparov era imprescindible entrarle por ahí. Es un señor que a los 22 años fue campeón del mundo y que está acostumbrado que todo el mundo te trate como un cerebro, un ser extraño y superior y que además él se comporta como tal. Va de prepotente, de duro, de ser superior. Y entonces a ese hombre que tiene 25 años y que en algo se le tiene que notar por más campeón del mundo de ajedrez que sea, le dices que tiene unos ojos bonitos y se le desmontan los esquemas. A partir de ahí está dispuesto a hablar como una persona sencilla y normal y no como un sabio del ajedrez. Hay casos en los que es rigurosamente imprescindible el coqueteo para romper la barrera del contrario. En otros es necesaria la agresividad: en otros, la dulzura...

Antes de empezar su labor en el "3 x 4", Julia había empezado en una emisora de radio. A los 18 años empezó a compaginar su trabajo en las ondas con sus estudios universitarios. "Después he hecho de todo en la radio. Desde salir a la calle con una unidad móvil hasta levantarme cada día a las cinco de la madrugada para hacer el primer informativo de la mañana".

- Hace unos meses me decías que el éxito no se te había subido a la cabeza porque habías trabajado muy duro antes de llegar a televisión y llevabas contigo un bagaje profesional importante. Ahora que tu popularidad cada día se hace mayor, ¿sigues manteniéndote igual?

- Sí, lo único que hago es autoprotegerme más. Cada vez hago menos cosas fuera de casa y fuera de mi círculo de amigos, eso sí es verdad. Pero eso no quiere decir ni que se me hayan subido los humos a la cabeza, ni que vaya de estrella por la vida. Si me quedo en casa es para autoprotegerme y si no voy a muchos actos sociales es porque esas situaciones multitudinarias me producen timidez y una cierta inquietud.

- Pero tú no pareces muy tímida, más bien pareces extravertida.

- Soy extravertida en la distancia corta, en el bis a bis, en el tú a tú, pero ante una reunión de personas más o menos numerosa, todo eso se convierte en una terrible timidez.

- ¿En qué cosas concretas ha cambiado tu vida desde que hace ya ahora algo más de un año presentaste por primera vez el programa concurso "3 x 4"?

- La verdad es que vivo en la misma casa, voy en el mismo coche, me visto más o menos igual y tengo exactamente los mismos amigos que antes, me parece que ni uno más. Lo que ha cambiado son las relaciones con el mundo exterior, con ese mundo que te encuentras en la portería de tu casa cuando sales a la calle. Bueno, también ha cambiado algo que es muy difícil de explicar y que se podría definir como la forma en la que eres tratada por los demás.

- ¿Cómo sueles pasar los fines de semana?

- De una manera discreta y tranquila. Normalmente, Ramón y yo buscamos algún lugar tranquilo fuera de la ciudad y si no salimos, nos "invitamos" a cenar en casa de algunos amigos.

Julia Otero es gallega de nacimiento y vino a Barcelona cuando contaba dos años y medio de edad. Su padre, que era y es músico, se trasladó a la gran ciudad para ampliar sus fronteras profesionales.

- Creo que tu padre quería que siguieras su carrera, la música, y que tú querías hacer medicina. ¿Cómo acabaste en el periodismo?

- Mi padre más que ejercer su oficio, quería que yo aprendiera a tocar un instrumento. Y lo de la medicina era algo que a mí me atraía mucho. Quería ser cirujana, porque me gustaba esa especialidad y porque casi no había mujeres en ella, quería ir de pionera. En el bachillerato opté por las letras con la intención de recuperar las ciencias de COU. Pero en ese camino me encontré con unas excelentes profesoras de literatura y lengua y empecé a pensar en el periodismo, aunque al final terminé estudiando Filología y ejerciendo el periodismo.

Julia comenzó a hacer sus pequeños escritos muy joven.

- Desde los 12 o 13 años siempre he escrito una especie de memorias diarias, que incluía una serie de pensamientos y vivencias. Sobre todo, de las vivencias más difíciles porque yo siempre he escrito más en estados de melancolía que en estados de euforia o de felicidad.

- Pero cuando se escribe a esa edad tan temprano normalmente se debe al "mal de amores" ¿Eras muy enamoradiza de pequeña?

- Sí, siempre he sido una persona muy enamoradiza, pero sin que se enterase nadie y mucho menos el objeto del deseo. Me enamoraba de profesores, de vecinos. Pero todos estos amores siempre los he vivido de puertas adentro y en todo caso a través de la tinta, en esa especie de diario en el que iba anotando mis historias. No he tenido una adolescencia intensa sentimentalmente. He sido una niña muy tranquila que me he dedicado a estudiar hasta los 16 o 17 años, edad en la que tuve mi primer novio. Nunca he sido frívola en amores.

- Me han contado que tu marido lleva de calle a la mitad de las chicas de la facultad de periodismo. ¿Tú crees que te hubieras enamorado también de él si te hubiese dado clase?

- Sí, claro. Si yo algún día hubiera tenido como profesor a un señor como mi marido creo que me hubiese enamorado perdidamente de éI. Los profesores de los que yo me enamoraba, ahora que lo pienso, me doy cuenta de que eran horrorosos y, claro, si en aquellos tiempos me hubieran puesto una materia prima acondicionada como la de Ramón, pues seguro que hubiera sucumbido. De todas formas, yo me enamoraba, pero mantenía siempre la distancia. Sabía muy bien que soñaba y que jugaba y nunca pasó de ahí.

- ¿Eres celosa?

- ¿Hay alguien que esté enamorado y que no lo sea? Yo creo que no. Hay grados, en todo caso: el lógico, el preocupante y, finalmente, el enfermizo. Si uno está en el grado lógico yo creo que es sólo una prueba de que está enamorado. Sin embargo, los otros dos grados pueden ser muy peligrosos, yo he visto parejas destrozadas por los celos.

- Tú sueles decir que todavía no quieres tener hijos. ¿Es el aspecto profesional el que te ha impedido tu deseo de ser madre?

- Sí, es eso, aunque lo que pasa es que cada vez hay más tendencia. El otro día precisamente confirmaba esta teoría con el doctor Dexeus, de que las mujeres sean madres a partir de los 30 años. A mí ya me queda poco para llegar a esa barrera -estoy a punto de cumplir 29-, pero tampoco se me escapa ningún tren. Lo que sucede es que tampoco estoy dispuesta a empalmar un año con otro y dejar la maternidad para lo último. El día en que realmente sea prioritario para mí, me quedaré embarazada, lo cual no implica que tenga que dejar de trabajar.

¿Hay alguien -continúa- que haya dicho que una mujer embarazada no puede trabajar en televisión? Que yo sepa nadie lo ha dicho y si de lo que se trata es de una norma aceptada tácitamente, pues, por favor, ¡que la cambien! Me parece una discriminación horrorosa que no se da en ninguna otra profesión. ¿Desde cuándo una mujer embarazada es antiestética? ¿Desde cuándo una mujer embarazada no puede hacer un telediario o un programa de entrevistas?

- ¿Eres una persona con mucha seguridad en ti misma?

- Yo estoy absolutamente segura de mis dudas. Yo dudo muchísimo y aunque las mentes pensantes dicen que eso es bueno, yo creo que a veces resulta bastante duro. Dudo a menudo y de muchas cosas y tomo decisiones de las que luego me arrepiento y dejo de tomar otras que luego pienso que debía haber considerado. Mi carácter, que es impulsivo, me lleva a caer muchas veces en estas cosas de tener que rectificar continuamente. No me siento segura, lo que pasa es que las pequeñas miserias, sobre todo cuando uno está en el disparadero como estoy yo, cuanto menos se sepan mejor, porque, si no, te haces más vulnerable y por eso siempre hay que parapetarse en una cierta seguridad. Lo que sí me interesa, y eso sí que lo consigo es sentirme segura y no dudar en la hora que estoy en antena. Fuera de eso tengo el derecho a equivocarme, de rectificar o de sentir miedo como cualquier humano.

- Desde el principio del programa, comenzaste a recibir muchas cartas, ¿qué te dicen ahora tus admiradores?

- Hay de todo. Cartas de gente mayor, cartas apasionadas de jovencitos de 14 años que han mitificado una imagen que ven por televisión... El único elemento nuevo en las cartas actuales son los escritos de gente mayor que se preocupa por mi estado anímico, por mi salud mental y por mi naturalidad. O sea, se preocupan de que todo lo que me está pasando no me trastoque. Más o menos me dicen: "Lo sigue usted haciendo muy bien, pero, por favor, no se lo crea. Es que como se lo dicen todos los días, tengo un miedo horrible de que llegue un momento de que se le suba a la cabeza y empiece a comportarse de una forma rara". Estas son las cartas que más me gustan porque demuestran que me aprecian de verdad.

Julia no oculta que le gustaría que algún día su programa "La lluna" se emitiera también por el canal nacional, pero asegura que eso es sólo un deseo, que hoy por hoy no tiene fundamento. "Ha habido rumores sobre esto e incluso se ha publicado la noticia, pero la verdad es que yo no he mantenido ninguna conversación al respecto. Me gustaría que esta idea se llevara a cabo, pero si no sucede tampoco me voy a traumatizar", dice.

Yo creo, -añade- que cada día tengo menos metas en este sentido. Ahora soy mucho menos ambiciosa que hace un año, cuando empecé en el "3 x 4". En este momento me preocupan mucho más las cosas sencillas y normales. El ser feliz, el tener un fin de semana tranquilo. Comer lo que me gusta y con la gente que quiero, divertirme, reírme. Me he curado mucho de la ambición, que yo no creo que sea mala, aunque muchas veces se le aplique un sentido negativo. Ambición hay que tener, lo que pasa es que la mía se ha desviado en estos momentos, no está tan centrada en lo profesional, sino que va por otros caminos.

- ¿Tú crees que para que una pareja funcione bien hay que hacer muchas concesiones?

- Sí, pero no en exceso, porque si has hecho muchas concesiones, en el momento en el que hay algún punto de cojera, se acostumbran a reprochar, y eso es lo más terrible que le puede suceder a dos personas. Yo creo que nunca hay que dejar de hacer nada que realmente te importe por otra persona, a no ser que la otra persona te importe más y eso sea decisivo para la relación. Yo creo que hay que ser egoísta en este sentido y hacer lo que creas que es mejor para ti, porque ser altruista, a la larga, crea eso, un caldo del cultivo para el reproche. Si eres egoísta, pero eres también una persona sensible y quieres lo mejor para la otra persona que está a tu lado con el tiempo da mejor resultado que no dejando de hacer esto por mi marido o por mi mujer...

- ¿Cómo os repartís Ramón y tú el inevitable trabajo del hogar?

- Pues como podemos. Depende de la intensidad de trabajo de cada uno. Lo importante, creo yo, no es cómo se reparte, sino que sea de una manera equitativa. De todas formas, para mí no es nada excepcional que un hombre realice trabajos domésticos. Lo lógico es lo contrario.

- Aparte del amor, ¿cuál crees que son las bases principales de una pareja?

- Fundamentalmente, el entendimiento mutuo. Y, después, divertirse. A mí me gusta estar con alguien con quien me lo pase bien y me gusta reírme con la gente que quiero. Con un tipo de esos que siempre cuenta desgracias y que no sabe sacarle punto a nada y que no maneja la ironía y la sutileza, me aburriría terriblemente.


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