La televisión, bajo cero

Artículo publicado en el diario El Mundo el 11 de agosto de 1998
Texto: Luis Antonio de Villena

Se extendió, hace años, la denominación de caja tonta para la tele. Era la vulgaridad, la inanidad, el opio del pueblo. ¿Qué habría que decir ahora? ¿La caja estulta? ¿La caja imbécil?

La televisión -digamos su arco parlamentario, los cinco canales habituales, aún no de pago- lleva algunos años dando cabida a un auténtico detritus socio-cultural. Yo sé de muchos antiguos habituales, que ahora (razonablemente) se niegan a ir a las 1000 tómbolas o similares a las que los invitan... Pero, sobre ese desolador panorama, que vuelve a la televisión actual inmirable -salvo algunas películas y contadas excepciones- la llamada «programación de verano» nos lleva -directamente- al yermo. Se diría -en serio- que la televisión agosteña está pensada (quite la película que prefiera o algún programa sentimental, dignamente inane) para auténticos subnormales, para mentes romas y átonas.

Algunos -como siempre- echan la culpa al público televidente. No da para más. Es un país inculto. Pero eso es infame. La televisión se ha convertido en el entretenimiento único de muchísima gente (desde la tercera edad, hasta los que no se atreven a otras distracciones) y si es cierto, entonces, que la gente mira lo que le echen, la misma fórmula podría ser usada para subir y no para bajar -y hasta qué nivel- el listón. La culpa de la omnímoda televisión-basura (que, de una u otra manera, es hoy, casi todo) la tienen sus programadores y los índices de audiencia, cultivados sólo en función de la vulgaridad y de la más rastrera competencia.

Mi amiga y admirada periodista Julia Otero va a inaugurar un programa de televisión en octubre. Yo me atreví a sugerirle una presentación, un prólogo. Julia -en mi consejo- diría el primer día, de forma sencilla: «Este programa sólo pretende ir dirigido a 500.000 espectadores. ¿Quiénes? No importa. 500.000 sólo». Si el programa es bueno -como será-, ¿quién no querrá unirse a la cifra? Así lo que parece contrapropaganda se convertiría en promoción pura, y de la buena. Señores de la TV, suban el listón como sea antes de que el público se aturda o deserte. Dijo Antonio Machado: «¡Qué difícil es/cuando todo baja/no bajar también!»


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