Editorial del 11 de abril de 2026
Menudo calvario el de esta Semana Santa. ¡Cómo para desconectarse del mundo! ¡Con ese individuo profiriendo amenazas nucleares. Sí, nucleares, porque era lo que estaba implícito cuando habló de acabar con una civilización entera!
Sólo un imbécil engreído y borracho de poder puede presumir en público de estar dispuesto a convertirse en un delincuente, un genocida al que nada importan las vidas ajenas. En su cabeza todo funciona con la lógica de un reality show.
Y esto no ha acabado. Ahí sigue, con la connivencia de los aduladores que le lamen el culo, como él mismo ha dicho en varias ocasiones. Esto no ha acabado y la cobardía de los congresistas republicanos que tragan una y otra vez, hace temer lo peor: que siga al frente del ejército más poderoso del mundo el tipo más peligroso.
Pero hubo también otra cara esta Semana Santa, en concreto la cara oculta de la luna. Los prodigios tecnológicos que han llevado a tres hombres y una mujer a ese lugar desconocido hasta ahora, nos han llenado de imágenes hermosas de la Tierra, esas que nos recuerdan lo insignificante de nuestra existencia.
La misión ha terminado muy felizmente sobre las aguas del Pacífico a las 02:07 horas de la madrugada. Muy buenos días a los terrícolas, a los lunáticos y, si hay algún marciano, también.
