Independencia, ¿de quién?

Artículo publicado en la sección 'Al contrataque' de la edición del día 20 de diciembre de 2013

Escribía el lunes en este espacio Jordi Évole que los que vivimos en la gama de los grises somos a menudo mal- interpretados y, añado, empujados al pronunciamiento público. Ya escribí una vez que ser españolista en Catalunya e independentista en Madrid supone una auténtica extenuación personal que algunos asumimos porque a estas alturas solo faltaría que tuviéramos que alistarnos cual gleba a hacer instrucción patria. No sé qué significa patria, por cierto, fíjense si estoy pez, a no ser que piense en la gente que quiero y me quiere. Ellos son mi bandera y por los únicos que iría a la guerra.

Conozco -tengo en la familia, incluso- independentistas convictos que piensan hoy lo mismo que hace 15 años. Y otros que han ido llegando racional o emotivamente al deseo de romper con España. Observo, sin embargo, alguna confusión en otro gran segmento, sobrevenido, que quiere librarse de España solo para independizarse del PP. El propio Junqueras -no solo él- ha reconocido que «las declaraciones del Gobierno son una fábrica de independentistas», y habrá que darle la razón y comprender su gratitud coyuntural, porque las mayorías absolutas del PP son agua de mayo para ERC. La estadística es tozuda: esto no es opinable, es un hecho que solo niegan quienes no toleran que la realidad les contradiga.

Cuántas personas que nunca se hubieran planteado la independencia notan aumentar sus pulsaciones cuando escuchan a Montoro. Qué sensaciones gástricas producen las maneras y el fondo de Wert. Cuántos escozores surgen al escuchar al tal Hernando que los que tienen a sus antepasados en una cuneta se acuerdan de ellos por las subvenciones. Lo resumía un votante catalán -muy conocido- del PP cuando me decía, con humor de primera, que cuando escuchaba a Montoro hasta a él le venían ganas de afiliarse a la CUP.

Ahora o nunca

En resumen, esta es la pregunta: ¿cuántos quieren librarse de España solo para independizarse del PP? Los que respondan francamente a esta pregunta son los que pueden inclinar la balanza en un sentido u otro. Pero, ojo, el voto de este segmento es cambiante, porque la mayoría absoluta pasará. En España el color del Gobierno cambia (en Catalunya menos, por cierto), aunque es verdad que el actual estilo del poder político estatal se hace por momentos insoportable. Pero España no es el PP. Ni el PSOE. Como Catalunya no es CiU, ERC o el PSC. Por eso hay prisa en la consulta. Junqueras y los independentistas con pedigrí -los de toda la vida- saben que ahora o nunca. A medio plazo no volverán esas golondrinas en su balcón los nidos a colgar.

Vacunados como quedaremos contra la mayoría absoluta por mucho tiempo, en dos años el paisaje político mutará, todo será distinto. Los gobiernos se pueden cambiar cada cuatro años, pero otras decisiones son para toda la vida.


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