La periodista comparte con Pablo Motos cómo afronta la reincorporación a su programa, ’Julia en la Onda’, tras superar su enfermedad

abc.es, 20 de enero de 2022

Con mucha fuerza e ilusión, Julia Otero visita el plató de ‘El Hormiguero’ para relatar cómo ha sido su ansiado regreso a la radio. La periodista retomó el 10 de enero las riendas su programa vespertino de Onda Cero, ‘Julia en la Onda’, después de haber superado un cáncer de colon que le fue diagnosticado en febrero de 2021.

Pese a su impresionante currículum en los medios de comunicación, confiesa a Pablo Motos sentirse muy nerviosa antes de la entrevista. «Estar detrás de esa cortina es un tute para la adrenalina bestial. Si además vienes de donde yo vengo, de un sitio muy negro, muy oscuro, pues todavía más, porque quiero hacerlo bien», admite.

Y es que quiere dejar claro que «no soy bandera ni estandarte de nada».

Ella se considera «solo una enferma más de cáncer que ha pasado 11 meses duros, como tantos otros».

Hoy mismo, recuerda, a 800 españoles les han diagnosticado cáncer, y casi 300.000 personas en nuestro país sufren esta enfermedad cada año. «Yo no soy diferente a ellos. Mi intención es ayudar a la gente que no tiene voz, porque de los miles que están diagnosticados habrá mucha gente viéndonos ahora mismo en casa. Y si alguna cosa de lo que digo les sirve a ellos o a su entorno, habrá merecido la pena, aunque sea una responsabilidad muy grande».

Sin perder el sentido del humor, bromea con que para ella el año 2021 ha estado «completito». «He pasado el Covid-19 también, confinada en Navidad. La he pasado con la gran suerte de que he sido asintomática. Bueno, no es suerte, es mucha sabiduría y mucha ciencia; tres dosis de la vacuna. Esa es la clave».

11 meses viviendo con la enfermedad

Pero su momento más duro lo vivió en febrero del año pasado al recibir el diagnóstico. «En una una revisión rutinaria, sin ningún síntoma, cuando te despiertas de la de la anestesia de la colonoscopia, empiezas a ver caras raras y te dicen que tienes un cáncer de colon. Es un shock traumático de tal magnitud que es muy difícil contarlo. Yo pensaba que la frase temblar de miedo era un recurso del lenguaje, pero no. Se puede temblar de miedo. Te pasa por delante la vida futura que tú has soñado que aún te queda. Te pones a pensar en los hijos, en los nietos que no verás… Es melancolía del futuro más que del pasado».

Otro trago amargo es dar la noticia a conocer, no solamente a los seres queridos, sino también a todo el mundo. «Alguien que hace un programa diario en radio o televisión no puede escoger no decirlo. Por otra parte, considera Otero, «está bien comunicar que uno tiene una enfermedad que sufren tantas miles de personas. Soy una más».

Sin embargo, asegura que no es fácil contarlo. «Hablar de cáncer en los medios es muy bonito y muy fácil; cuando el sujeto y el verbo van en primera persona, la cosa cambia». Además, tampoco tenía tiempo para afrontarlo. «A mí me diagnosticaron el 16 de febrero y el 22 tuve que contarlo públicamente», explica.

Con la mejor voluntad, continúa la periodista, «hay gente que para animarte te dicen que eres valiente y muy fuerte». Pero remarca que no es así. «No hay otra opción que ser fuerte, tienes que resistir como sea. Ni eres más valiente ni vas a una guerra. Si te dejan hecha unos zorros, ¿cómo vas a ir a la guerra en la peor circunstancia física posible?».

En este sentido, reflexiona sobre el uso de las palabras, sobre todo en los medios de comunicación. Ojo con los términos bélicos. «Nunca he oído que de un señor que ha muerto de un infarto digan que ha perdido la batalla contra el infarto. Parece que sea culpable. La batalla es física, química y mecánica, pero eso no se puede establecer en términos de ganar o perder».

Así lo vivió al convertirse en noticia. «Me muero de miedo al leer titulares como ‘Julia Otero vence al cáncer’». Insiste en que, de momento, ha acabado con esas células que estaban en rebeldía en una zona del colon, pero que, con las mismas, pueden volver. «Todos los que han pasado un cáncer saben que hay cuatro años de margen. La opción de que vuelva está ahí. La salud es provisional, hay que aprender a vivir con esa provisionalidad. Alguien que está perfectamente sano mañana puede morir de un accidente o de un infarto. La única diferencia entre esa persona y yo es que yo vivo con esa incertidumbre bajo la piel».

Ahora ha entendido que la vida en general está llena de incertidumbres, y que, desde luego, es provisional. «Es una cosa que aprendes cuando te dan el diagnóstico. Que nos vamos a morir es un ‘spoiler’ que todos sabemos, pero olvidamos».

 


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