Julia y la jauría de machos

La Vanguardia, 2 de diciembre de 2003

JOSEP M. BAGET HERMS

Julia Otero tenía ayer en “La columna” a Artur Mas, recién llegado del País Vasco, para seguir su ronda de presidenciables y con el que mantuvo un diálogo incisivo y muy jugoso. Para enfrentarse a la periodista recién galardonada, feminista radical dentro de un orden, TVE ha apostado por la artillería pesada: estrenó un serial de procedencia chilena titulado “Machos”, nada menos, protagonizado por un padre autoritario, machista hasta la médula y en su día a buen seguro ardiente pinochetista, y siete hijos, siete, a cual más gallardo. Entre ellos, no obstante, se esconde la oveja negra: en el primer capítulo, uno es acusado de “maricón” en la escena inenarrable del aniversario de boda de los padres y admite su terrible culpa en otra secuencia no menos melodramática. No está mal para empezar.

Los seriales han modernizado un poco su factura y sus contenidos al compás de los cambios sociales: el erotismo es ahora más explícito (escena de sexo en la furgoneta) y de entrada ya podemos contemplar a los siete infantes jugando a voley-playa con el torso desnudo ante un público de embelesadas jovencitas en bikini. El ambiente es cosmopolita, moderno y tres de los hijos son o quieren ser arquitectos aunque el patriarca es médico internista. Con el genio que se gasta, más vale que no le pidan hora.

“Machos” sustituye a “Gata salvaje” que llega a su desenlace y compite con “Mi gorda bella” (Antena 3), con la que tiene, aunque parezca mentira, un punto de contacto: tanto la esposa del patriarca como la gorda se llaman Valentina y las dos sufren cantidad. “Machos”, por cierto, sólo es autorizada para mayores de 13 años a pesar de emitirse en horario de sobremesa. No hay que sorprenderse: sólo hace unos días en el bochornoso “Cerca de ti” salía un rótulo así de grande donde podía leerse: “En la noche de bodas le puse los cuernos a mi mujer con su mejor amiga”, y el respetable auditorio se reía y aplaudía el relato del protagonista. Otro edificante ejemplo de lo que TVE considera un servicio público.


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