El papelito de Jordi Pujol

La Vanguardia, 18 de enero de 2001
Josep M. Baget Herms

Jordi Pujol es un político que en todas sus intervenciones ante las cámaras sabe ajustarse a las exigencias del medio, y el pasado martes en "La columna", cada vez más firme, valga la expresión, volvió a demostrarlo de forma impecable. "No tocaba" hablar de la crisis de pareja con UDC en un día de discretas conversaciones, y Pujol se sacó teatralmente del bolsillo el papel de su apretada agenda de actividades donde no se incluía este asunto. No le fue fácil, sin embargo, escapar al cerco de terciopelo tejido por Julia Otero y a pesar de sus evasivas se podía deducir de sus palabras, recogidas ayer en la prensa, que por ahora la sangre no llegaría al río.

El diálogo giró sobre algunos aspectos de su personalidad, como corresponde en cierta manera a un "talk-show" de tarde, aunque no faltaron esas alusiones maliciosas, características del estilo particular de Julia Otero que, entre otras cosas, recordó que incluso Aznar le había copiado repitiendo varias veces aquello de "hoy no toca" en su entrevista-monólogo con Sáenz de Buruaga. Júlia también le dijo a Pujol que no le gustan las mujeres. Sonrisas y expectación. No le gustan las mujeres consejeras, añadió, lo que acabó por generar una serie de preguntas y respuestas dotadas de un fino sentido del humor. Al final del diálogo se incorporó Pitu Abril, de quien el presidente recordó su época de presentador de "La barberia" haciendo gala de esa memoria de elefante que le permite llegar incluso a los aspectos anecdóticos de la vida cotidiana. Un Pujol en buena forma, distendido y relajado como si la situación política del país fuera una balsa de aceite: o un oasis, si se prefiere.

Si Aznar pasó por Antena 3 la pasada semana, Tele 5 brindó ahora cámaras y micrófonos a José Luis Rodríguez Zapatero, líder de la oposición, para hablar de numerosas cuestiones de actualidad aunque en este caso el diálogo no llegó a la media hora. Si bien hubo alguna referencia a la "vieja guardia" socialista, y a Felipe González en particular, a Zapatero tampoco se lo pusieron difícil.


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