Lecturas de una extraña decisión

Artículo publicado en el diario La Vanguardia el 5 de agosto de 1999
Texto: J. M. Baget Herms

LA DECISIÓN DE ONDA CERO de suprimir el programa "La radio de Julia" de una manera fulminante ha causado una lógica perplejidad en los medios de comunicación y entre sus oyentes que el lunes colapsaron su centralita telefónica. No es habitual, ciertamente, que se suprima un programa líder de audiencia y menos aún que se aluda a su presunto carácter "elitista" para razonar esta actitud ya que de ello se podría deducir que el nivel cultural del país es fantástico y las elites son una mayoría cuando esta misma palabra ya implica todo lo contrario.

Es oportuno recordar, sin embargo, que no les tiembla el pulso a la hora de firmar finiquitos a los propietarios de Onda Cero que son, a la postre, los mismos de Antena 3. A raíz de su desembarco en esta cadena de televisión, hace ahora dos años, despidieron sin muchas contemplaciones a Pepe Navarro que acababa de regresar a esta cadena con "La sonrisa del pelícano". Salvando las distancias, que son muchas, la situación es parecida aunque Pepe no encontró, en su momento, el respaldo de amplios sectores políticos y sociales muy significativos ni su espacio televisivo de medianoche tenía nada que ver con "La radio de Julia".

Si la televisión pública (TVE o TV3) se rigen por los índices de audiencia, aunque digan lo contrario, no deja de ser paradójico que las privadas se permitan el lujo de prescindir de sus máximas figuras, en aras de unos compromisos que sólo se pueden explicar a través de una lectura política. Tal vez el resultado de las recientes elecciones autonómicas y municipales, donde el PP consiguió resultados inferiores a los previstos, tenga algo que ver con esta decisión en un curso político que se adivina muy tenso y duro con las elecciones generales en el horizonte inmediato. La defenestración de Julia Otero de un día para otro adquiere así un significado que va mucho más allá de la anécdota o de la reacción nerviosa y precipitada de la dirección de la cadena. Es más bien una demostración de que los tiempos están cambiando.


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