Editorial del 5 de septiembre de 2026
Han pasado tantas cosas en estas seis semanas de ausencia que una no sabe por dónde empezar. Y tampoco creo que un resumen de lo que ya saben les interese algo a ustedes. Desde luego, todo se puede medir -la actualidad también- y este verano que no se acaba nunca, se puede describir con magnitudes asombrosas, incluida la temperatura que estamos soportando. Trescientas mil hectáreas quemadas en España, o sea, millones de animales, árboles y bosques calcinados.
Otra magnitud es lo de Ceuta: Ochenta mil migrantes marroquíes atravesando una frontera sin que nadie los viese venir. Si no fuera dramático, valdría para chiste que se cuenta solo, "dónde esconderías a 80 mil marroquíes para no ser detectados a tiempo…". Hay más cifras, los seis millones y pico de un ático que todos sabemos para qué se compró y sobre todo para quién.
Y si levantamos la mirada y salimos de nuestra frontera, la magnitud del expolio a Venezuela se cuenta por miles de millones en barriles de petróleo. Esperaban democracia y solo les llegó otro latrocinio, el yanki.
Hay otras cifras este verano, pero para acabar con alegría me quedo con el dos. Dos estrellas en la camiseta de España. Solo hace seis semanas de esa alegría colectiva y parece que han pasado años. ¿Por qué no intentamos que las cosas que nos alegran vivan más tiempo en nuestra memoria?
Y al revés, ¿por qué no nos desembarazamos pronto de los que quieren agriarnos el carácter? La alegría es hoy lo más revolucionario. Y en esa revolución nos van a encontrar trabajando otra vez en esta tercera temporada de JELO en el fin de semana.
