Editorial del 13 de junio de 2026
"Primero el amor, después la técnica".
La frase de Antonio Gaudí dibujada con más de mil drones sobre el cielo de Barcelona, delante de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, esa frase sencilla, que ni siquiera tiene verbo, resume la visita pontificia de León XIV a España.
"Primero el amor, después la técnica" puede convertirse en "primero la humanidad, después la inteligencia artificial". O, al hilo del discurso del Papa ante los diputados y senadores, "primero el respeto, después las discrepancias". Incluso, como dijo en Canarias, "primero la dignidad, después el pasaporte".
Resuenan aún los 7 minutos de ovación al Papa Prevost, un ejercicio que nos llenó de esperanza el martes, pero que el miércoles, en la Sesión de Control al Gobierno, ya comprendimos que fue solo un ejercicio sobresaliente de cinismo e hipocresía.
Muchos de sus señorías no solo no "desarmaron el lenguaje", como pidió el Papa, sino que estaban afilando el cuchillo para el día siguiente.
Pero, ¿saben qué? Nosotros a lo nuestro: primero el amor, y luego el programa de radio. Buenos días a la buena gente.
