Puigdemont envía el mensaje diáfano de que va a llegar hasta el final

Editorial del 4 de julio de 2017

Como quien no quiere la cosa y a base de hechos o palabras consumados, ya hay día para la independencia de Cataluña: si gana el Sí en el referéndum del 1 de octubre, Cataluña se declarará unilateralmente independiente al día siguiente, o sea, el 2 de octubre.

Para los que se pregunten de qué referéndum habla la mayoría parlamentaria que apoya al actual gobierno catalán, pues sí, en efecto, es ese referéndum que el gobierno de Madrid dice reiteradamente que no se va a celebrar.

Esta mañana con la solemnidad previsible se ha presentado la ley del referéndum, una ley suprema que estaría por encima de cualquier otra y que marcaría la obligatoriedad a los ciudadanos, por ejemplo, de acudir a las mesas electorales si les toca por sorteo. ¿Con qué censo, se preguntarán muchos? ¿En qué urnas? ¿Con qué tipo de junta electoral?. No hay respuesta, pero la ley está presentada.

Para evitar la actuación del TC, esta “ley suprema” no entrará en el Parlament de Cataluña hasta mediados de Agosto. Es el juego del gato y el ratón que a día de hoy nadie sabe cómo acabará. Por de pronto, quien se atrevió a dudar en voz alta, el ya exconseller Baiget, fue fulminantemente destituido.

Puigdemont envía pues el mensaje diáfano de que va a llegar hasta el final. ¿Enviará Rajoy la policía a detenerle? Las preguntas, como ven, están ya en ese preciso nivel.

Los trenes van a toda máquina y no se observa voluntad de pararlos. Han pasado los años y estamos ya donde nos decían que jamás llegaríamos.

Homs escribió ayer un tuit en el que dijo estar “hasta los huevos”. No es el único. Somos todos.


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