Editorial del 30 de octubre de 2014

A falta de un pleno en el Congreso sobre el tema de la corrupción, toda la oposición convertirá cualquier acto parlamentario -como la sesión de control de hoy al gobierno- en un viacrucis para el presidente del gobierno.

Rajoy ha dicho esta mañana en esa sesión de control que “no podemos dar la imagen de un país sumido en la corrupción porque no es verdad” y ha añadido que la política es una profesión noble llena de gente honesta. Ese mensaje es un clásico que se tambalea en la opinión pública a fuerza de gotas que llevan tiempo colmando el vaso. Hoy mismo el ex conseller Joaquím Nadal, destacado miembro del PSC, ha sido imputado por un asunto urbanístico. Otro clásico.

Pedir perdón pudo ser útil hace mucho, pero llega con retraso de años. Cuando la palabra de un dirigente político ha perdido toda credibilidad, se desconfía también de la sinceridad del perdón que se solicita.

Basta ir a la fonoteca para comprobar que los propios dirigentes lo saben muy bien cuando juzgan a otros. ¿Saben que dijo Montoro cuando Pujol pidió indulgencia? Pues dijo: “Si Pujol pensaba que pidiendo perdón hacía borrón y cuenta nueva, se equivocaba mucho”.

Se equivocó Pujol, se equivocaba. Y los demás, también. No se engañen.


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