lainformacion.com, 18 de julio de 2021

Por Borja Terán

Julia Otero en 'La radio de Julia'Ni las Spice Girls ni Britney Spears. Yo en la adolescencia tenía colgado un póster de Julia Otero en la pared de mi cuarto. Por ahí anda, todavía, guardado entre recuerdos que prefiero ni buscar para no emocionarme. El póster era una publicidad con la que se anunciaba en prensa 'La Radio de Julia' de Onda Cero. El programa que me descubrió la radio. Porque pertenezco a esa generación que primero conoció la televisión y, de ahí, la curiosidad llevó a las ondas. Me gustaba lo que creaba Julia en la tele, quería escuchar lo que conseguía en la radio.

En un momento en el que explotaban los programas del corazón, mi yo adolescente comenzó a pensar que ya no interesarían los formatos sin crítica a las vidas ajenas. Entonces, 'La radio de Julia' me demostró lo contrario. Era posible hacer un programa entretenido mirando los matices de la vida cotidiana. Observando cómo somos, al fin y al cabo. Sólo había que creer en la inteligencia del espectador/oyente, que es tu cómplice más que tu cliente.

Y empecé a apuntarme en libretas muchas ideas procedentes de la primera hora del programa. 'La hora tremolina' se llamaba y era una ingeniosa catarsis colectiva para entendernos mejor, entre risas y observaciones fruto de la experiencia de vivir, que eran puestas en común por los oyentes y el propio equipo. De este modo, Julia Otero fue combinando su bagaje en las ondas y en televisión para actualizar la radio y acercarla a su tiempo. La radio ya no engolaba, ya no se escuchaba a sí misma: hablaba igual que el oyente. Es más, estaba implicada con el oyente.

Sin darme cuenta, este programa de radio me estaba inspirando para estudiar periodismo. No hay que fijarse sólo en lo obvio, había que indagar en los matices y las circunstancias que definen la complejidad de una u otra realidad. Julia siempre ha hecho esto, con un espíritu constructivo. Sin circunloquios y con una filosofía de vida que no se pierde en eufemismos y huye de la condescendencia. Intenta aportar. Y lo logra, tanto que siguiendo sus programas terminas adquiriendo herramientas útiles para la cotidianidad.

Así, sin conocerla de nada, sentí que conocía a Julia. Es más, que la estimaba. Escuchando sus horas y horas de radio, había absorbido que la objetividad no existe, pero sí la honestidad. Y cuando empecé a ejercer el periodismo, ya había aprendido de ella que por qué no: hay que ser osados y no mirar donde se mira siempre e intentar captar ese detalle que es vital en el día a día. Pero, aunque no lo parezca, soy tímido y jamás me atreví a acercarme a ella. Hasta que un día me llamaron para entrevistarme en la segunda vida de su programa de radio, 'Julia en la Onda', fruto de los artículos que he publicado durante los últimos diez años en este medio. Me dio vértigo. Porque tenía un todopoderoso vínculo emocional con Otero, como tanta gente, pero tenía que intentar que no se notara mucho. Cuando entré en el estudio en Las Ramblas de Barcelona, me apliqué lo que siempre digo a otros. Pensé varias veces: "disfrútalo, disfrútalo, disfrútalo". Porque a veces nos preocupamos por hacerlo demasiado bien o perfecto y nos olvidamos de vivir el momento. Lo hice.

Meses después, me incorporé con un espacio fijo en el programa. Mis amigos me decían "has cumplido tu sueño", aunque la realidad es que ni siquiera había albergado la expectativa de algún día lograr algo así. Y me lo quise tomar muy en serio. Entonces, la veía y me veía. Tan rápida de reflejos, tan sensata, tan creativa, tan valiente, tan como la sentía en la radio. Y, por momentos, hasta me quedaba en blanco en antena, imperfectamente en blanco. Algún oyente decía: "que Borja tome pasas, que se le olvidan las cosas". Pensé que, con el paso del tiempo, este nervio se me pasaría, pero me he dado cuenta de que nunca se me pasará. Porque es el nervio de la admiración, de cuando quieres mucho a alguien y te quedas pasmado. Porque mientras la ves, estás aprendiendo. Y ahí seguimos, ilusionados por todo lo que nos queda por aprender de Julia, Julia Otero.


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