El camarote de la radio

El Mundo, 15 de junio de 2002

ALEX SALMON

ASI ERA RADIO MIRAMAR HACE 20 AÑOS. ASI LA RECUERDO. EN LA MISMISIMA PLAZA CATALUNYA NUMERO 9. CON UN PORTERO COTILLA QUE NO PARABA DE FUMAR Y EL OASIS DE LA PENYA BARCELONISTA EN LA TERRAZA. ERA ESTAR EN MEDIO DE UN PARENTESIS, EN UNOS AÑOS QUE TODO ERAN INTERROGANTES.

Durante aquellos años del 80 y 81 fuimos partícipes los que trabajamos en aquella radio, EAJ-39, del nacimiento de una forma distinta de ofrecer la información. O de pasar de la no información a las entrevistas, los cortes de voz, la música de fondo bajo las palabras de un político o los debates radiofónicos. Todo ello, se complementaba, es un decir, con los Olé de la canción de Pepe Antequera, las mañanas con música a lo Abraira y la voz de Cristóbal Cervantes, los andaluces de Juan Torrijos o el hit-parade de Raúl Marchan. Esa mezcla tan explosiva era Radio Miramar.

El reencuentro con los compañeros de aquella emisora, después de 20 años, motivó el pasado domingo que la imaginación volara a aquellos días. El recuerdo de Ignacio Otal, el técnico de Encarna de Noche, siempre con su puro apagado y la ceniza sobre la camisa o algún disco que giraba a 33, cuando su velocidad era a 45 rpm; o el mágico Luis Gasulla, voz fantástica, reportero agresivo en su época, como cuando tuvo que lanzarse de un tren en marcha, y entonces dormido en el pequeño estudio de continuidad, mientras sonaba Cada loco con su tema de Serrat.

Si Groucho Max hubiera sido barcelonés seguro que habría trabajado en Radio Miramar. No existía entre todas las de la época, (Radio Juventud, Radio Barcelona, Radio España-Cadena Catalana y Radio Nacional) todas ellas en Onda Media, una que reuniese a un grupo tan peculiar, anticuado pero moderno, ambiguo, loco, divertido y libre como aquél. Se podía hacer de todo menos cosas importantes.

Para empezar la emisora no era de Barcelona, sino de Badalona, donde estaba el centro emisor. Su sintonía repetía la música del Rosa d'abril, aunque estaba dirigida por un gallego, tenía un buen equipo de informativos, aunque el Diario Hablado de Radio Nacional sonaba puntual a las horas en punto y utilizaba la Unidad Móvil más grande de la radio en España, un autobús, cuando el reporterismo radiofónico aún no estaba inventado. Allí todo estaba en el límite. La mezcla de generacional era contundente. O los más viejos y anticuados del baile o los imberbes a punto de comerse el mundo. La mejor mezcla.

Tenía tres estudios que siempre olían a la colonia usada por el último presentador que se había sentado frente al micrófono.También aquellos olores eran una frenética mezcla de fragancias.El despacho de informativos daba a la plaza Catalunya. Desde allí situó la BBC sus cámaras para seguir el famoso asalto al Banco Central. El despacho del director, Marcelino Rodríguez de Castro, también daba a la plaza. No recuerdo el despacho.Sólo entré una vez. Entonces los directores eran muy directores.

Desde un largo pasillo, lugar para todo tipo de comentarios y algún que otro magreo a altas horas de la noche, se accedía al resto de los estudios y la discoteca. Todo era vinilo. Si aquellos plásticos hablaran también recordarían algún que otro jadeo.Al fondo, el estudio de grabación donde durante muchísimos sábados extraía de largas entrevistas las declaraciones de los políticos del momento: Fraga Iribarne, Fernández Ordóñez, Cabanillas padre, Martínez Esteruelas, Joan Reventos, Jordi Pujol, López Bulla, Heribert Barrera y otros muchos ya retirados.

De aquella mezcla entre lo antiguo y lo nuevo se formaron los más novedosos profesionales hoy: Julia Otero, Carlos Herrera, José Manuel Parada (posmodernidad elevada al cubo) y el mismísimo Alfonso Arús, que estuvo poco tiempo, meses, pero algo se le impregnaría.

La distancia y el tiempo es buena para componer tus opiniones.Es cierto que, aunque joven, aquella generación, que ahora tiene entre 40 y 50, no tiene nada que ver con la que llegó sólo tres años después, con la llegada de las FM (Catalunya Ràdio y Antena 3, básicamente). Un ejemplo: la tarde del 23-F, recuerdo a un nervioso Josep Antón Pagés (la siempre mejor voz de informativos) quemando su carnet del PSUC y recolocando en una iglesia yo qué sé qué documentación. Aquella imagen de película de Fellini traza la inexorable línea del pasado.


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