Gemma Nierga va a la cárcel

Publicado en Radio Canoa

En el aire con Félix Madero, octubre de 2001

Por Félix Madero

Sin Julia Otero en la franja de la radio vespertina, Gemma Nierga lleva todas las de ganar. Parece que el EGM va a centrarse en la SER y en Onda Cero y su Herrera y Punto. No hay ningún demérito en la fórmula mixta de la COPE, quizás demasiado mixta para la radio de tarde, tan concreta, tan bien definida por la previsión. Hace unos meses en esa franja había cuatro mujeres: Nieves Herrero en RNE, Marta Robles en Onda Cero, María José Navarro en la COPE y Gemma en la SER. También había y hay cuatro varones por la mañana. Ya ven. Todo muy pensado. Realmente original. Echaron a Julia, que hacía bien, muy bien la tarde y podría haber hecho mejor la mañana. Pero yo de esto no debo hablar. Los que me conocen saben lo que pienso.

Gemma ha sabido hacer universal su mensaje. Sin que se molesten los de Onda Cero, diré que en su programa cabe todo el mundo. La ventana es un espacio abierto, se me antoja que le viene bien el calificativo de democrático; pero es algo más: es un programa inteligente, sin estridencias y sobre todo distinto a los demás. Muy distinto. A esto hay que sumar la fuerza de la SER, eso que la competencia le achaca: sus postes, potencia, cobertura, campañas de publicidad, promociones, y sobre todo la confianza que la dirección de esa casa otorga a las criaturas que han salido de su cantera. La SER nunca los abandona, y claro, suele ocurrir que los en otro tiempo canteranos responden de la misma forma: se quedan en la casa y nunca atienden a cantos de sirenas. Que se lo pregunten a Manolo Lama, que ha sido el último en decir: Es mucho dinero el que me ofrecen, pero me quedo en la SER.

Pero a lo que iba. Si a lo dicho sumamos la miopía de unos gestores que dejaron a Julia Otero en la calle siendo la mas escuchada, y sin duda la mejor de la franja vespertina, entonces se juntan las ansias con las ganas de comer. Pero ya digo, yo de esto no debo hablar. La prepotencia de Polanco muchas veces no es otra cosa que la estulticia de los demás. El acierto de Polanco tiene su origen en el diletantismo agudo de muchos gestores de la radio unido al alto número de aficionados que viven -y bien- en esto de la radio.

Escucho el martes 16 de octubre en la segunda hora de La Ventana (Cadena SER, de lunes a viernes, de 16.00 a 19.00) una fórmula de hacer radio que no es mas que una tertulia. Una tertulia que no es política: un espacio en el que hablan muchos, pero a todos se les entiende; una moderadora que reparte juego y que sabe, eso interpreto yo, que es sólo eso: la moderadora de un programa. ¿Hablan de Gescartera? No. ¿Se muestran groseros? No. ¿Faltones?. Tampoco. Son divertidos y están hablando de nuestro idioma: el español. Y para hablar del español, Gemma se ha ido a la cárcel de Valdemoro. Quizás sepa la periodista que en los tabucos han nacido un buen puñado de hermosas palabras que hoy están en el diccionario. Gemma tiene todos los martes una tertulia con presos a los que les gusta hablar, hacer radio y, sobre todo, ser escuchados fuera de la prisión. La cárcel suena distinta con la radio en directo. Proyecta normalidad, ninguna violencia. Desaparece el miedo ancestral que yo siempre le he tenido, sobre todo desde que de niño vi a aquella maravillosa película Robert Redford vestido de alcaide en Brubaker.

Escucho a los presos, algunos son latinoamericanos y hablan de los modismos del español en su tierra. Y pienso: qué curioso, cuando a un presidiario, a un delincuente, se le pone un micrófono delante y se convierte en tertuliano por un rato qué cerca está de nosotros; son educados, cultos y con un gran sentido del humor. Qué injustos son los estereotipos, qué horrible la imagen del presidiario que nadie escucha porque nadie más allá de los muros le puede escuchar. Gemma y sus contertulios hablan del pleonasmo. Como lo oyen.

Después, los presos Edu y Ramón y un educador de nombre César hablan por teléfono con un policía. Lo hacen con normalidad. César lamenta las heridas que un preso con permiso ha infligido a un policía y nos descubre la existencia de un tipo determinado de interno: "Hay personas que son buenos presos, pero malos ciudadanos. Cumplen perfectamente en la cárcel, pero son incapaces de hacerlo en la calle".

Gemma saluda a continuación otro preso. Juan, al que su madre le escucha por la radio, dice que está mal por que el juez le ha denegado un permiso que le prometió.

- "No hay tormenta que cien años dure ni cuerpo que lo resista tampoco", dice el interno.

Juan se expresa bien. Demuestra conocerse mejor. Y piensa en su madre.

- "A mí me han engañado tantas veces y yo he engañado tantas veces... pero mi madre entra en conflicto. Qué le digo yo a mi madre para que se crea que yo no he hecho nada malo".

En otro momento Juan dice:

- "Yo puedo ser tonto, drogadicto y atracador, ¿Pero idiota?".

Juan se lamenta porque tomó una pastilla para dormir que ha hecho que una analítica diera positivo. No saldrá de la cárcel. Y termina:

- "Siempre se ha dicho que para ser malo necesitas un día, para volver a ser bueno toda una vida".


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