Ana Botella con Julia

Libertad Digital, 26 de enero de 2005

Encarna Jiménez

Julia Otero, que acaba de renovar el contrato con TVE a pesar de que “Las cerezas” no han resultado tan jugosas en términos de audiencia, llevó esta semana al plató a dos parejas populares. Antes de la medianoche entrevistó a Plácido Domingo y Ana Botella, y en horario más avanzado a “Los Morancos”. La presentadora estaba constipada, el ambiente no estaba muy caldeado y Ana Botella, que fue la verdadera protagonista de la noche, en un papel templado, evidenció el carácter de una mujer de convicciones y con notable vocación política. La compañía de Plácido Domingo, que venía de ensayar el “Parsifal” en el Liceo de Barcelona, sirvió de contrapunto a la concejala del Ayuntamiento de Madrid para que ésta, vestida para una noche fría con chaqueta de terciopelo granate, ofreciera un recital sensato, aunque poco excitante, de su vida y creencias.

Es difícil que Ana Botella entre al trapo de las estrategias de Julia Otero que si, además, está en baja forma y en deuda por conseguir que se siente en el plató la mujer del ex-presidente Aznar, no puede entrar a saco ni provocar la estampida. Julia Otero había preparado un programa en el que se contrapusiera la visión de orden de Ana Botella y Plácido Domingo, de derechas, heterosexuales y con matrimonios estables, a la pareja de humoristas que ahora triunfan con una canción de éxito: “Marica tú, marica yo” en la que un hermano salió del armario y el otro, padre de familia numerosa, le hace el coro en el espectáculo. Sin embargo, la noche estaba llamada a ser la del buen talante y la tolerancia. A pesar de que Julia Otero puso en primer término, además de experiencias personales, cuestiones políticas y religiosas que están de actualidad, eliminó la crítica excesiva y no torció el discurso de una mujer que anda muy segura por la vida y sabe encontrar el tono para decir lo que quiere sin levantar demasiada polvareda.

Por su parte, “Los Morancos” tampoco se salieron del papel. Llevan muchos años toreando con malas críticas, haciendo parodias graciosas y otras tópicas sobre personajes populares o estereotipos nacionales como para sacar los pies del tiesto y convertirse en punta de lanza del “zerolismo”. Así que “Las cerezas” hasta parecía un programa equilibrado de una televisión pública en el que una periodista y empresaria de clara inclinación socialista se comportaba con cierto respeto a las manifestaciones de sus invitados.

Las actitudes correctas de los participantes no parece que vayan a subir la audiencia de un programa en el que, como es norma en los magazines de los últimos meses, se repiten unos espacios de humor perfectamente intercambiables y redundantes como relleno. La escuela de teatro de Barcelona tiene a toda la tropa colocada en televisión haciendo de Rajoy, Bono, Zapatero, Leticia o Bono con las mismas gracias más o menos subidas de tono en media docena de programas.

Una vez asegurada la continuidad de Julia Otero en TVE, ya no importa que una noche con invitados muy conocidos resulte sosa y que la presentadora no vaya más allá de mantener el tipo. En último término, ya es evidente que su vuelta a la cadena pública nacional no ha conseguido arrastrar a la audiencia ni despertar el entusiasmo de las masas.


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