Los sólidos cimientos de “La columna”

La Vanguardia, 19 de marzo de 2003

JOSEP M. BAGET HERMS

Sus quinientas columnas en TV3 en un momento especialmente dulce ya que ha conseguido el sueño dorado de los profesionales de la comunicación audiovisual, y más en estos tiempos de crispación: la fidelización de la audiencia, que significa a la vez una garantía de credibilidad y confianza. “La columna” nunca ha tenido problemas en ese aspecto pero no es menos cierto que su audiencia ha ido creciendo día a día hasta situarse claramente en el liderazgo de su franja horaria frente a una competencia conformista que ya sólo cree en la telerrealidad, los testimonios humanos y sobre todo los chismorreos de los famosos.

La respuesta de Julia ha sido justamente la de plantearse como una opción alternativa presidida por la calidad y el rigor periodístico. Un rigor que no está reñido con el humor más zumbón, el sentido del espectáculo lúdico o las entrevistas a personajes populares siempre y cuando tengan algo que decir de sus ideas, proyectos y trabajos y no de sus vidas privadas más o menos fabricadas en función de las exclusivas. Julia sabe, y así lo ha manifestado, que esto sólo se consigue si se dispone de amplios márgenes de libertad creadora y de innovación en un contexto no obsesionado por la audiencia a cualquier precio. TV3 le ofrece esa posibilidad que ella ha sabido ganarse pero que quizá no encontraría en las cadenas generalistas de ámbito estatal, donde la paciencia no es la más común de las virtudes.

Fidelización también quiere decir, a fin de cuentas, identificación entre el comunicador y el público, que en ese caso disfruta cuando la ve con la mejor de sus sonrisas y se preocupa cuando la tragedia afecta a sus más estrechos colaboradores, como ocurrió hace sólo unas semanas. Y si tiene la gripe y no se le permite salir en pantalla por prescripción facultativa, todos estornudamos un poco más. Con sus quinientas “columnas”, Julia y su equipo han construido un edificio de sólidos cimientos llamado a resistir las más fuertes sacudidas. Aquí no hay socavones.


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