Ángel de fuego y Lucifer

La Vanguardia, 1 de diciembre de 2002

VÍCTOR-M. AMELA

"¡PETARDA!", le suelta Júlia Otero a María Teresa Campos. "¡Y tú, pija!", replica la Campos. Esta semana ha sido fértil en sucesos televisuales, como este gozoso choque en "La columna" (TV3) entre dos respetables damas de la tele, marcándose los terrenos una a la otra, requebrándose, chinchándose y halagándose mutuamente desde sus respectivos tronos (comiéndose lo que no tienen, que diría Tarantino).

Este momento ha coincidido con la entrega de los Ondas, uno para María Teresa Campos, catedrática de las mañanas, máster del corrillo, señora de bemoles, que está exultante. La Campos está que se sale: ha decidido no acoger ya más a los nómadas de "Gran Hermano", y eso la convierte en una heroína de la tele a los ojos de muchos, en una revolucionaria ardorosa, como la Marianne francesa de Delacroix, en una poetisa disidente y visionaria, en un ángel con espada de fuego y profeta de una era nueva, en una elevadísima filósofa: ahora las universidades estudian a Kant, Hegel y la Campos.

El viernes por la mañana, tras la barcelonesa noche de los Ondas (riendas para Gemma Nierga y Pablo Motos, impecables; chanzas de Millán-Corbacho, divertidísimas), la Campos hizo su programa matinal de Tele 5 desde el plató de "Crónicas Marcianas". Ella, flamante ángel de la espada ígnea que ha expulsado a los de "Gran Hermano" de su paraíso, bajó al infierno y se calzó la chaqueta de Sardà, desafiante: estos juegos no son gratis, pues Norma Duval le dio plantón en directo al verse allí ("¡Yo no sabía que me traíais aquí!"). Es que allí palpitaba el "genius loci" luciferino... El genio del lugar (Lucifer Sardà) apareció enseguida, y, ángel caído, arrastró en su perfidia a la seráfica Campos a un pecaminoso baile sobre la sulfurosa mesa marciana. Un rato más, y María Teresa acaba en cama redonda con toda la prole de "GH", y hubiera sido más redonda si mete ahí a Isabel San Sebastián, a la que la Campos quiere adoptar ahora que ha sido expulsada de Antena3 por la espada de fuego de Telefónica.


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