La camiseta

El Periódico, 14 de junio de 2002

Ferran MONEGAL

El éxito de la selección española de fútbol está provocando entusiásticas respuestas en la ciudadanía. Sin ir más lejos, la otra tarde Pitu Abril se presentó en su lugar de trabajo, La Columna (TV-3), vestido con la camiseta de España y dejó a Julia Otero traspuesta y admirada al mismo tiempo. Tiene mérito. Quizá quería paliar un poco la gélida alegría del área de deportes de la teva cuando informa de las victorias del equipo español. ¡Ah!, España, ése es el tema. Desde un punto de vista independentista, no se trata de un éxito propio, sino simplemente del de un país vecino. Y yo mismo, si me permiten, escuché a un ciudadano en un bar de la república de Gràcia, viendo la tele, saludar a los botijos que tiene Camacho por sobacos con la frase: "¡Suda un extranjero!" Todo esto es pintoresco: desmuestra la dislexia existencial que campa a nuestro alrededor. Más aún considerando que Carles Puyol y Miquel Àngel Nadal --uno de La Pobla de Segur y el otro de Manacor-- juegan ni más ni menos que de defensas de la escuadra española. El golpe de Pitu con la camiseta de la legión extranjera fue muy bueno. Pero lo soberbio fue el final. Cuando estaba concluyendo su participación en el programa, se levantó la susodicha y enseñó que debajo llevaba otra: la del Barça, la blaugrana. Y coexistían en Pitu las dos sin producirle sarpullidos ni hongos. ¡Ah!, qué luminoso. Si en lugar de camisetas hubieran sido chaquetas, sería reprochable. El cambio de chaqueta, aunque habitual en algunos que ahora pasan por nostrats prohombres, es un asunto muy feo. Pero lo de las camisetas tiene matices que requieren meditación. Debajo de la de España, la del Barça, y debajo de ésta, el corazón. Sugerente. Podría ser considerada como plasmación gráfica del federalismo asimétrico.

Lo impensable hubiera sido que debajo de estas dos hubiese aparecido la del Real Madrid, por ejemplo. Eso sí hubiera sido tremendo. Imposible totalmente.


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