La vejez diáfana

El Periódico, 26 de febrero de 2002

Ferran Monegal

Nos quejábamos la semana pasada viendo cómo dilapidan las teles públicas su tiempo y nuestro dinero con inútiles entrevistas publicitarias a hijos de papá que han venido a este mundo a veranear. Ayer por la tarde, Julia Otero (La columna, TV-3) se enmendó a sí misma la plana y entrevistó a Teresa Pàmies. Ahí sí que nos hemos redimido y reconfortado. Con Pàmies hemos disfrutado. Subida en el podio de sus 82 años, mira la vida esta escritora desde un ángulo sensacional: tiene la experiencia justa para saber interesar sin contar batallas, y mantiene el carácter suelto, lleno de desparpajo. Le dijo a Julia, hablando de los años que se acumulan: "Las mujeres envejecemos mejor que los hombres, excepto aquellas que han sido mujer bandera. A ésas, cuando les sale la primera arruga, lo pasan fatal (...) Afortunadamente se envejece poco a poco. Ni siquiera el espejo te avisa (...) Tengo siete nietos, pero no soy abuela de rondalles. No soy una abuela tradicional. Les explico que la abuela no se lo va a solucionar todo. Que lo fundamental son sus padres. Y les quiero, Julia, les quiero. No sólo porque son mis nietos, sino porque son el futuro". Le puso entonces el programa una serie de personajes en pantalla, para que desde su punto de observación los fuese perfilando. Dijo de Fraga: "Los años le han mejorado. Se ha hecho más humano". De la duquesa De Alba: "Es estrafalaria, y a veces, por ser estrafalaria, parece que irradia optimismo". De Sara Montiel: "Debe de haber sufrido mucho: era muy guapa". De Heribert Barrera: "Intolerante. De joven tampoco era la alegría de la huerta". Y así se nos fue la tarde, disfrutando.

Acaba de sacar Teresa Pàmies un libro, L'aventura d'envellir, escrito con letra grande para que podamos leerlo casi sin gafas. Un libro sobre las arrugas de la vida. Los surcos existenciales, que decían los clásicos. Vamos leyendo, y nos van iluminando.


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