Julia y los calzoncillos

La Vanguardia, 21 de diciembre de 2001

Víctor-M. Amela

No sé si es coincidencia o estadística, pero cuando paso por delante del programa de Julia Otero siempre me sale un chico en calzoncillos. Son chicos inspirados en la estatuaria griega, pero en vez de disco o jabalina portan calzoncillos de modernas fibras y suave color.

Los esculpidos chicos desfilan ante los ojos arrobados y satisfechos de Julia Otero, espectadora de la fiesta de los cuerpos que ella misma se organiza. Julia Otero no reprime su alegría, un exultante gozo que le brilla en los labios y humedece su mirada.

Julia Otero se merece ese autohomenaje repetido, ¡claro que sí!, porque Julia Otero aporta a la televisión un entusiasmo de mujer de carne y hueso, una pasión de señora heterosexual que celebra la maravilla del dimorfismo sexual (con la loa del masculino sexo en particular). Es que Julia Otero hace el programa que le apetece y que le da la gana, y supongo que por eso le sale así de fluido, como un gesto suyo más, como una sonrisa. Julia Otero tiene su disfrute y su terapia en su trabajo, y por eso se la ve tan feliz. Dijo el sabio que hiciéramos de los alimentos nuestra medicina, a lo que habría que añadir que es muy sabio hacer de tu trabajo tu placer.

Y ahí tenemos a Julia Otero disfrutando con su programa ("La columna", TV3), lo que se nota. Y se agradece. Julia Otero es una señora que ha ido creciendo ante las cámaras y a la que le asoma en la cara la colegiala pícara que aún le salta dentro: eso rejuvenece a su audiencia, que, claro, está encantada de sintonizar con ella cada tarde: son 375.000 telespectadores (27,8% de cuota de pantalla: ¡enhorabuena!), expertos ya todos ellos en curvas praxitélicas.

Cuando salen los chicos en calzoncillos, Julia Otero amaga siempre alguna explicación justificatoria ("¿por qué los hombres no iban a poder también mostrar..?", etcétera): ¡no hace falta, Julia! Con sacar otro día un poco de lencería sobre unas graciosas ninfas, bastará.

Por lo demás, en estas fiestas renovaré mi cajón de calzoncillos, y lo de ayer me ha sido muy útil, Julia, ¡gracias!


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