Julia Otero

Artículo publicado en el diario El País el 4 de agosto de 1999
Texto: Eduardo Haro Tecglen

Julia Otero hacía un gran programa, con la máxima audiencia; la Telefónica compró Onda Cero, y la ha echado con todo su equipo. En cualquier momento aparecerán en otra emisora de las que van quedando libres. En otro país habría subastas. Pero éste es raro. Los méritos son distintos, lo cual no quiere decir que ni en los más demócratas -¿cuáles serán?- estén libres todos los periodistas.

La falsa guerra de Kosovo ha puesto a algunos en la calle en el mundo occidental. El equipo de Julia, de la "radio de Julia" (se llamaba, con su ingenua soberbia), era crítico. Quiere decir que, entre otras cosas que encontraba mal, habría acciones del Gobierno, o del Occidente armado y rico, o de alguna persona: quizá del traslado a lo civil de pasiones religiosas. Podían no coincidir con los de Telefónica, que sí coincide con el Gobierno, la Iglesia, el Occidente feliz; y que se extiende por todos los medios conocidos y por conocer -el futuro imaginable no la agarrará desprevenida: ni tampoco inadvertida- y los configura. Estas empresas que acaparan medios y pagan medieros cuando su objetivo parece ser otro no tienen profesionalidad periodística ni les importa: esa profesionalidad consiste, hoy, en unas aperturas, unas pluralidades, unas voces que no formen coro: sus lectores o sus oyentes tienen un sentido de la pluralidad que les permite reconocer que ésa es una forma de libertad, y que ellos son libres aunque no compartan todo. Precisamente el hecho de no compartir todo puede hacer feliz a un espectador o lector, porque se ve a sí mismo como un hombre libre y porque nadie le fuerza a pensar: se le dan opciones. Hace ya tiempo que se descubrió en muchos países que esa forma, o ese modelo, resulta más comercial que los otros. Pero no creo que el interés de la Telefónica esté en ganar dinero con radios, televisiones o periodistas, sino en otro tipo de inversiones que forman parte más concreta de su carácter de empresa, incluso de las omniempresas o globales o multivocacionales de esta etapa dura del capitalismo. Quizá piense que estos medios que adquiere le son totalmente indiferentes en materia de ganancias o pérdidas, pero que pueden dar otras satisfacciones: a otras personas, a otros poderes que les pueden dar satisfacciones a ellos. Es, también, una totalización. Regalos espirituales, regalos inmateriales. Puede ser un regalo quitar de encima de alguien la voz libre de Julia Otero, y puede que, sin tanta urgencia -la despidieron una hora antes de su programa del lunes- larguen a otros colaboradores.


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