Convertir la ley educativa en una cuestión de Estado 40 años después sigue pareciendo imposible

Editorial del 19 de noviembre de 2020

Habrá que aprenderse nuevas siglas, y van tantas como gobiernos hemos tenido en democracia. Las siglas son LOMLOE, que es la nueva ley de Educación que se ha debatido esta mañana en el Congreso y que se va a votar dentro de una hora.

No hay suspense, el Gobierno sacará adelante con mayoría absoluta la ley Celáa. Al final son los titulares del Ministerio de Educación los que ponen su nombre a las leyes educativas.

No ha habido sorpresa en el debate de esta mañana, como siempre que se debate sobre reformas educativas, y van ocho leyes en democracia, pues hay confrontamiento entre derecha e izquierda. Unos defendiendo la escuela pública solamente y los otros sobre todo la concertada.

Incluso ha habido complicidad entre el nacionalismo periférico y el de la meseta. PNV y JxCat han planteado enmienda y rápidamente ha sido apoyada por Partido Popular, Ciudadanos y Vox, aunque ha sido rechazada como las otras 600 que también se han presentado.

Lo de convertir la ley educativa en una cuestión de estado 40 años después sigue pareciendo imposible.

Vamos a repasar los puntos más polémicos de esa ley en el tiempo de Gabinete y volveremos a lamentar que siga siendo una quimera tener alguna vez un marco consensuado para educar a niños y jóvenes, una propuesta que sobreviva a los sucesivos gobiernos. Veremos qué opinan Ignasi Guardans, Noelia Adánez y Fernando Iwasaki.


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