Todos han dicho lo que estaban obligados a decir

Editorial del 27 de octubre de 2016

La reválida del cuarto de la ESO no tendrá efectos académicos y la del bachillerato, pues hará las veces de la prueba de selectividad que funcionaba hasta ahora para acceder a la Universidad.

Esa novedad, ayer ampliamente reclamada en las calles y los centros educativos de toda España, es lo único que hemos sacado en claro de la segunda jornada de la sesión de investidura. De lo dicho esta mañana es lo único con influencia directa en la vida de cientos de miles de españoles, los estudiantes y los educadores.

El resto de lo que hemos escuchado en el Congreso esta mañana es oratoria. Todos han desempeñado el papel previsto, incluso el portavoz del PSOE, Antonio Hernando, que tenía más que papel, papelón. Rajoy estuvo irónico y guasón, Iglesias cañero y Rivera, de yerno ideal. Se escuchó a Cospedal llamar “sinvergüenza” al líder de Podemos, y a Rivera mejorar la apuesta con un “qué gilipollas”, siempre refiriéndose a Iglesias.

De políticas concretas no nos ha hablado Rajoy que nos remitió ya ayer a lo que dijo en la anterior investidura fallida. Una actitud que los fans interpretan como pragmatismo y los “haters” como pereza existencial.

En seguida escucharán los momentos más significativos de todas las intervenciones, pero, no nos engañemos, hasta que esta legislatura no eche a andar no sabremos de verdad el papel que van a jugar los partidos. Hoy todos han dicho lo que estaban obligados a decir.


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