La verdad a menudo es triste y parece tener poco remedio

Editorial del 22 de septiembre de 2016

El otoño llega oficialmente dentro de unos minutos y con él volverá el frío a las aguas mediterráneas, convertidas en un auténtico cementerio para miles de personas que huyen de guerras y miseria.

Cada vez se habla menos de refugiados y de su suerte y más de cómo su presencia, e incluso existencia, empuja al alza en Europa a los partidos de extrema derecha. La crisis económica fue una cosquilla electoral para Angela Merkel y sin embargo su política con los refugiados puede acabar con su carrera política.

Los húngaros lo tienen tan claro que su primer ministro puede permitirse decir sin pestañear que los “inmigrantes deben ser acorralados, expulsados y concentrados en campos de refugiados fuera de las fronteras de la Unión Europea”. Es la opinión hoy mismo de Viktor Orban y el próximo 2 de octubre veremos de cuántos húngaros más. Ese día votarán en referéndum si aceptan o no las cuotas de reasentamiento de refugiados que ha propuesto la UE. Hay pocas dudas del resultado: el pronóstico es que el referéndum lo ganen los partidarios de blindar las fronteras europeas.

Los partidos que defienden esa opción en toda Europa aspiran a futuros éxitos electorales. La verdad a menudo es triste y parece tener poco remedio.


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