La "revolución de la dignidad"

Editorial del 4 de septiembre de 2015

Estamos tan ensimismados con lo que nos atañe en España y en Europa que está pasando casi inadvertida una revolución esperanzadora y muy didáctica que han protagonizado “los de abajo”, para decirlo rápido, y que ha acabado con algunos de los de arriba. Me refiero a Guatemala. El pequeño país centroamericano se acostó hace 48 con un presidente corrupto, Otto Pérez Molina y se ha levantado hoy con ese individuo en la cárcel, convertido en preso común.

Hace poco más de un año la Fiscalía Especial contra la Impunidad inició en Guatemala una investigación. Sería largo contar aquí los detalles de la misma pero, por hacerlo breve, después de haber grabado miles de conversaciones y correos electrónicos, la Fiscalía obtuvo pruebas sobradas de que miembros del gobierno estaban recibiendo ingentes cantidades de dinero. Primero detuvieron al jefe de la administración tributaria, después a la vicepresidenta del gobierno y hace unas pocas horas, al presidente Otto Pérez Molina.

Una justicia implacable e independiente, está claro, y la ira de la ciudadanía, que protagonizó hace unos días una manifestación histórica, ha llevado a la cárcel al presidente corrupto. En menos de una semana la justicia acabó con la impunidad del presidente y le llevó ante el tribunal. Le llaman en Guatemala la revolución de la dignidad.

O sea, a veces, aunque sean pocas, la fuerza de la ciudadanía consigue hacerse escuchar.


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