Polvo y anécdota

El Periódico, 4 de julio del 2012

Por: Ferran Monegal

Restallante, imparable, desbordado y desbordante, Pedrito Ruiz atendió la llamada de Julia Otero para su programa Entrevista a la carta (TVE-1) y nos deparó una noche entretenida, llena de retranca e ingenio. Intitulándose a sí mismo como «soy el hombre aforismo», o sea, la sentencia, el axioma, el proverbio hecho persona, comenzó a disparar adagios sobre la marcha, uno detrás de otro. Parecía, él solo, los cañones de Navarone pasados por la real academia del apotegma. Pongamos una muestra: «Los políticos son los pastores que tienen los ricos para manejar el rebaño. Los peores de la clase son los que nos están dado clase. A este país nos dieron cocaína, luego nos acusaron de cocainómanos y ahora nos cobran la metadona. Hoy ser de izquierdas o de derechas es como elegir entre la hepatitis y la cirrosis. Lo que hizo Hacienda con Lola Flores deberían haberlo hecho con Botín: la historia de España es la historia de un Botín. El odio es negocio. La tele son falsos testimonios y publicidad», y así casi hora y media. ¡Ahh! Qué bárbaro. Aunque no es charlatanería lo de Pedrito, sino notable lucidez, debo advertirle cordialmente que lanzar ristras sistemáticas de máximas a velocidad de machinen-que-tiren-balen, que es como llaman los alemanes a la ametralladora, puede provocar perforación mental en el humilde personal que estábamos en casa siguiéndole. Pero comprendamos a Pedrito: hace tanto tiempo que la tele no le invita, ni le llama, que para una vez que tiene la oportunidad se desborda. Una de los mejores momentos fue cuando Julia dio paso a la pregunta del humorista Millán Salcedo. Dijo: «Oye Pedro, ¿qué van a resaltar de nosotros los Telediarios cuando nos muramos?». ¡Ah! Fue una pregunta con una socarronería profunda y estupenda. Sonrió Pedrito al escucharla. Y contestó con una cita atribuida a Oscar Wilde pero que popularizó Orson Wells: «Hagas lo que hagas, te recordarán por una anécdota», y añadió: «Tú serás recordado por la empanadilla, y yo por el teléfono de Borrell».

Sesión muy disfrutable, en suma, la que construyó Julia Otero. Llena de chispa, y en la que también descubrimos la enorme humanidad, la ternura y la soledad de este explosivo entertainer que quiso acabar con un golpe de humor negro transformando a Julia Otero en depositaria y guardiana de la urna que albergará sus cenizas cuando se muera. ¡Ahhh! Polvo y anécdota.


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