Abstención no, gracias

Artículo publicado en la sección 'Al contrataque' de la edición del día 23 de mayo de 2014

España es el único país de Europa en el que no se puede combatir la abstención con campañas institucionales que inviten a votar. A lo sumo nos pueden recordar el día de las elecciones, pero en ningún caso mostrarnos una urna, no fuera que alguien se sintiera intimidado por la terrible presión de ver una papeleta. ¿Recuerdan aquello del «habla, pueblo, habla» mientras nos mostraban la urna, su ranura y un ciudadano sonriente introduciendo la papeleta? Pues eso hoy sería ilegal, según el criterio de la Junta Electoral española, que considera la abstención una alternativa tan digna como la contraria. España es así: seriedad y pureza democrática acreditadas. Manda narices con la Junta Electoral.

Sin emular al presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, que pronunció el miércoles la frase poética de la campaña («O votáis a Cañete u os doy una paliza»), sí quisiera preguntarles a aquellos que están decididos a abstenerse si están seguros de lo que no van a hacer. Veamos. En las últimas elecciones europeas, el escaño en Bruselas para los parlamentarios españoles costó 300.000 votos por cabeza. Cuantos más ciudadanos se abstengan, más barato se pone el euroescaño, de modo que, si la abstención ronda esta vez el 60% que apuntan las encuestas, con apenas 200.000 papeletas se alcanza el puesto. No olvidemos que la abstención da más poder a los que sí van a votar, sobre todo a aquellos que llueva o granice son electores fieles y disciplinados, que suelen ser los votantes de derecha. O sea, primera conclusión: el que se queda en casa vota con el partido mayoritario... o con el segundo más grande. Los detractores del bipartidismo serían, pues, incoherentes si dejasen pasar la ocasión de votar este domingo.

Precisamente, el sistema electoral europeo, a diferencia del de las generales españolas, es el que da más utilidad a todos los votos. La prueba es la reciente campaña del PP de Catalunya No desperdicies tu voto, un intento de última hora de desmovilizar a quienes pensaban optar por pequeñas formaciones políticas. Cuando afirman que «un solo eurodiputado que se represente a sí mismo no puede hacer nada útil por su país» están diciendo en realidad: «Si no va usted a votarme a mí, que soy el grande, no se moleste en tirar el voto» dándoselo a partidos que con suerte tendrán un solo representante en Bruselas.

El 'efecto Cañete'

A pocas horas de la apertura de los colegios, la incógnita mayor para politólogos y sociólogos es la proyección electoral del efecto Cañete. Será mayor de lo que los suyos creen, y probablemente menor de lo que merece su rancia insolencia. Su disculpa in extremis cinco días después recuerda el tuit más ocurrente que circuló por las redes los primeros días de la semana: «Verás qué cara se le pone a Cañete cuando descubra que las mujeres votan». Pues eso. A votar, queridas.


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