El paro es bueno...

Artículo publicado en la sección 'Al contrataque' de la edición del día 7 de marzo de 2014

...y, sobre todo, muy eficaz. Aunque las autoridades económicas nacionales e internacionales nunca hablan claro cuando se dirigen a nosotros, ya es hora de que traduzcamos a la realidad sus mensajes esotéricos. Cuando la directora del FMI o el Guindos de turno dicen que «hay que profundizar en las reformas», como hemos vuelto a oír esta semana, están reclamando aún mayor flexibilidad laboral. Cuando la señora Lagarde (bolso de Hermès en mano) pide al Gobierno que se centre en los que no tienen empleo más que en los que lo poseen, está apelando a una dinámica laboral en la que el despido sea tan fácil que las empresas puedan cambiar trabajadores antiguos por nuevos sin coste alguno.

¿Qué beneficio social se produce al contratar a un parado si antes se ha despedido a un trabajador consolidado? Ahí está la perversión de lo que ocurre ante nuestras narices: el parado aceptará las condiciones que le impongan con tal de tener empleo, y el trabajador despedido estará en condiciones de rebajar sus expectativas al buscar un nuevo trabajo. No hemos descubierto la pólvora, pero hay que recordar que un ejército de parados -muchos, desesperados- es la mejor medicina para rebajar los salarios y los derechos de los que sí trabajan. Miles de candidatos esperando un puesto de trabajo es la condición necesaria para la contundente devaluación interna que sufrimos. Hasta tal punto eso es así que la famosa tarifa plana que anunció Rajoy en el Congreso, saludada como la propuesta más innovadora para crear empleo, ayudará a que las empresas que lo deseen despidan a uno o varios trabajadores y un mes después contraten a otros por esa tarifa plana. Me dirán que Rajoy insistió en que esa medida de apoyo a las empresas se aplicará solo si aumentan la plantilla y el empleo indefinido. Ah, amigos, una cosa es lo que se dice en el atril y otra lo que publica la letra pequeña del BOE.

Empobrecimiento colectivo

En definitiva, «una revolución en el mercado laboral español», sentencian los analistas europeos. Un brutal empobrecimiento colectivo, observamos nosotros. Los datos son abrumadores aunque se oculten detrás de estadísticas y cómputos imposibles de descifrar. Mientras el INE nos habla de un salario medio de 22.000 euros anuales, la Agencia Tributaria (ahí está la verdad) lo rebaja a 18.000, casi un 20% menos. Los contratos a tiempo parcial, apenas inexistentes antes de la crisis, aumentaron un 22% solo en febrero. Han dejado de pagarse -oficialmente- casi el 30% de las horas extras, las empresas del Ibex-35 siguen reduciendo sus plantillas (8% el año pasado), los convenios colectivos son ya una reliquia del pasado…

En definitiva: no crean en las lágrimas de nuestros gobernantes cuando hablan del paro. Sobre él ha pivotado el cambio de modelo y lo han conseguido sin apenas incidencias. Un par de gamonales apenas. Un éxito clamoroso.


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