La puerta giratoria

Artículo publicado en la sección 'Al contrataque' de la edición del día 29 de noviembre de 2013

Sin escrúpulos. Sin rubores. Sin complejos. No hay más que verlos, resueltos y bien peinados, con la cabeza bien alta y el cinismo siempre en la punta de la lengua. Definitivamente, nos han tomado por el pito del sereno.

Los anglosajones escogieron una buena metáfora para definirlo: revolving door, una puerta giratoria que puede transitarse con comodidad escogiendo la salida adecuada en cada momento. Uno está dentro o fuera sin abandonar el círculo del poder. Usted -un suponer- es secretario de Estado, ministro o hasta presidente del Gobierno y cuando su partido pierde las elecciones lo contratan en una empresa con una suculenta remuneración. Apenas tiene responsabilidad, porque aquello por lo que le pagan no tiene que ver con el futuro sino con el pasado. Es, este sí, un pago en diferido por los servicios prestados mientras tuvo mando en plaza. Un trabajo en forma de simulación.

Imaginemos que una compañía eléctrica española es cortejada por una empresa energética catalana y otra alemana. Supongamos que usted es vicepresidente de un Gobierno que influye a favor de una tercera vía, la italiana, y, claro, vence. ¿Quién le fichará cuando esté usted disponible? ¿Endesa, Gas Natural o Enel? Pedro Solbes es el único español en el órgano de dirección del grupo italiano Enel desde abril del 2011. Aznar está en Endesa, González en Gas Natural, Acebes en Bankia, Zaplana en Telefónica, Josu Jon Imaz en Petronor, Ardanza en Euskaltel, Tocino en el Santander, Roca en ACS… Por no mentar a Rato, que siempre tiene una silla caliente esperándole. O dos.

¿Es decente que un político entre a formar parte de una compañía sobre la que tomó decisiones en su etapa pública? Los políticos crean normas sobre sectores estratégicos y estos sabrán después agradecérselo cuando pierdan su codiciado empleo público. Dicen: «Es legal». Claro, ya se ocupan de que lo sea. Verán como no derogan esa ley.

Ir para volver

Hay ejemplos de auténtico virtuosismo en la puerta giratoria: tenemos en el 2004 un secretario de Estado de Economía que solo tres meses después de perder el Gobierno entra en Lehman Brothers a la espera de que lleguen tiempos mejores que colmen su ambición. Y, en efecto, regresa por la puerta grande ya convertido en ministro de Economía: Luis de Guindos. Y en casos como el suyo es frecuente oírles presumir de una vocación pública tal que están dispuestos a perder dinero abandonando la empresa privada. Como si hubieran llegado allí por méritos propios y no estuvieran ya preparando su próximo aterrizaje. Esta misma semana tiene su ejemplo: la ministra Mato ha contratado a la empresa del exconsejero de Sanidad de Madrid Manuel Lamela para privatizar el hospital de Melilla. Está imputado por prevaricación, pero eso son gajes del oficio. Hoy por ti, mañana por mi.


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