Llueve mucho en Madrid

Artículo publicado en la sección 'Al contrataque' de la edición del día 25 de octubre de 2013

Poco antes de que la etarra Inés del Río abandonase la cárcel de Teixeiro, en A Coruña, el presidente del Gobierno fue abordado varias veces en los pasillos del Congreso para conocer su valoración de la sentencia de Estrasburgo. Dribló los micrófonos con la astucia habitual y cuando se acercaron tanto que no pudo evitarlos, ya en el exterior y a punto de subirse a su coche oficial, Rajoy zanjó el asunto de la derrotada doctrina Parot con un «está lloviendo mucho en Madrid». Analicemos por qué hay quien no se moja aunque esté lloviendo a cántaros.

La sentencia de Estrasburgo sorprendió a pocos, aunque muchos teatralizaron una reacción estudiada. Se habló de repugnancia y de dolor, pero se dejó claro incluso antes de que se produjese el fallo que «habría que acatarlo». El desmantelamiento de la doctrina Parot llega, sin embargo, en un momento oportuno: con el PP en el Gobierno. España ardería si la excarcelación forzada de estos criminales coincidiese con un Gobierno del PSOE.

Aunque la memoria no es una virtud que adorne a los españoles, están aún demasiado cercanas para olvidarlas las múltiples manifestaciones convocadas contra la política antiterrorista de Zapatero. Aunque convocadas por la AVT o el Foro de Ermua, el Rajoy opositor confesaba en una entrevista: «Es mi partido quien las respalda, moviliza y las llena». Y es verdad: lo más granado del partido asistió una y otra vez a colocarse detrás de la pancarta junto al entonces presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, luego acusado por varias asociaciones de víctimas de haber roto la unidad contra ETA. Hoy Alcaraz es presidente de la plataforma Voces contra el Terrorismo y se confiesa traicionado y profundamente decepcionado con Rajoy.

El fuego amigo

Ese es ahora el flanco débil del Gobierno. La Moncloa no teme la reacción de sus contrincantes políticos: ningún partido va a ponerse al frente de una manifestación de víctimas del terrorismo por mucho que comprenda su indignación. No. La Moncloa teme el fuego amigo, que suele ser el más despiadado. Las mismas voces cavernarias que culpan a un solo magistrado -español- entre 17 de haber emitido en Estrasburgo un «fallo contra España» -una coartada inverosímil aunque eficaz para salvar el tipo ante el ala dura- se han apresurado a recomendar al Gobierno que no acate la sentencia. Por más que la Fiscalía y la Audiencia Nacional se apresuraron a aceptar y ordenar la excarcelación inmediata de la etarra, esas voces tuvieron tiempo para argumentar cómo y por qué podía el Gobierno negarse a cumplir con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Si podía evitarlo, ¿qué hace Inés del Río en la calle? La filigrana política del PP consiste en sumarse a la manifestación convocada por las víctimas para mañana. Imposible encaje de bolillos.


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