Julia Otero: «Un buen periodista pero mala persona es un profesional peligroso»

ABC, 1 de septiembre de 2006

Presentadora de «Protagonistas», en Punto Radio

Este lunes regresa a los micrófonos de Punto Radio Julia Otero. El menú tiene ya dos primeros platos: José Bono en el estreno y Ana Botella el miércoles.

-¿Cómo afronta esta nueva temporada, su segunda en Punto Radio?

-Llego con ilusión del estreno. Con el reto de estar a la altura de las circunstancias y de ofrecer una radio lo más apetecible y distinta posible.

-¿Y cuál es la receta para «estar a la altura de las circunstancias»?

-Olfato, rigor y buena compañía. Divertir sin perder el punto de vista crítico y plural es fundamental.

-Luego está la experiencia, que dicen que es un grado. La suya es dilatada.

-La experiencia siempre es una ventaja, si no va mezclada con resentimiento o hastío, que no es mi caso. Pero insisto en la importancia de quienes me acompañan. Este año cuento con Camacho y Rexach para temas futbolísticos, con David Trueba, Máximo Pradera, Ferrán Monegal, Isabel Coixet y Lorenzo Caprile, entre otros.

-Entre tanto nombre, ¿qué aporta Julia Otero a «Protagonistas»?

-En la comunicación casi todo está inventado y el sello diferencial lo marca quien está frente al micrófono. Pero no soy yo quien tengo que resaltar mis cualidades. Lo que sí creo es que, cuanto más puede lucirse el talante ajeno, más resalta el propio.

-Esta vez le ha tocado compartir franja con otra mujer, Olga Viza en Radio 1. Dos féminas en la mañana, algo impensable hace sólo unos meses... ¿los tiempos han cambiado o no es oro todo lo que reluce?

-Tenía que pasar, aunque todavía no ha terminado de hacerlo del todo. Los medios podemos ser los primeros en denunciar ciertas situaciones, pero no nos podemos poner como ejemplo.

-¿Qué matices aporta una mujer al frente de un micrófono?

-Hay radio buena y radio mala. Y luego está la radio basura. Una mujer puede hacer cualquiera.

-Habla de radio buena, mala y basura. ¿Dónde ubica a la española?

-Es un momento de cruce de caminos, de transición, pero no sé hacia dónde. Hubo una época en la que podían oírse matices. Hoy existe la necesidad de identificarse ideológicamente con alguien. Es un poco el reflejo de la sociedad española. La radio ha perdido la simbología de la plaza pública.

-No adscribirse a ninguna ideología también puede tener sus riesgos. No son pocos los que encienden la radio o compran un periódico para reafirmarse en sus ideas.

-Puede existir riesgo de perder oyentes, pero tampoco se trata de ser muy «light» porque entonces no habría comunicador, sería algo sin sustancia.

-«Todos los puntos de vista de la sociedad» parece un campo muy amplio. ¿Dónde sitúa los límites de su programa?

-Mantengo una actitud siempre comprometida con todas las opciones y matices. Estoy segura de que en otras cadenas y programas hay censura, pero en el mío se puede decir lo que se quiera sobre cualquier cosa, siempre buscando un equilibrio.

-¿Qué entiende entonces por independencia una mujer que a los 17 años ya participaba en un programa radiofónico?

-La independencia es que ningún poder fáctico pueda levantar el teléfono para darte consignas. No me ha sucedido porque no formo parte de ninguna cuadrilla. En 1999 prefirieron echarme antes de levantar ese teléfono. No he tenido que elegir nunca entre la credibilidad y mi puesto de trabajo.

-Perder la credibilidad o el puesto de trabajo. Un dilema muy complejo para cualquier periodista...

-No quiero presumir de ninguna actitud heroica porque si sintiera el aliento de la hipoteca en la nuca...

-Como medio de masas, a la radio se le supone una faceta educadora. Capacidades profesionales al margen, ¿cualquier periodista está capacitado para dotar de sentido los silencios de la radio?

-La radio es el medio más próximo y al que primero vamos cuando ocurre algo gordo. El grado de responsabilidad es máximo. Sin embargo, no lo observo cuando recorro el dial. Hay un código deontológico como periodista, pero como persona también existen unos valores a los que no se puede renunciar. Un buen periodista pero mala persona es un profesional muy peligroso. Y no digo nombres (risas).


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