Julia Otero: “He renunciado a la noche. En la tarde puedo experimentar”

Entrevista publicada en el suplemento Teletodo de El Periódico, 14 de marzo de 2003

El miércoles 19, Julia Otero celebra en TV-3 su edición 500 de La columna magacín de tarde que en su tercera temporada se ha consolidado como la oferta preferida por la audiencia en su franja horaria, con un share del 24,4%. En su efeméride, el programa hará una retrospectiva con una cierta mirada a la historia de estos dos últimos años y medio.

ROSA MARI SANZ

P. ¿En qué ha cambiado este año La columna para que haya logrado superar a la competencia?

R. El programa no ha hecho demasiados cambios. Veníamos de un reinado absoluto de Ana Rosa Quintana con Sabor a ti (Antena 3 TV), pero nosotros jugamos cartas diferentes. Ya empezamos con una buena audiencia y he podido hacer un rodaje tranquilo. No me han presionado desde la cadena. Si hay paciencia uno puede saber si las cosas van bien.

P. ¿Cuáles son sus cartas?

R. Nosotros ofrecemos espacios que no son de la tele actual. Una sección de libros, temas de ecología, economía... He tenido la suerte de hacer el programa que quiero en la medida en que puedo. El problema de la televisión es que la gente copia el éxito ajeno. Las copias son redundantes y malas. La columna ofrece una alternativa y no es fácil.

P. Ha cumplido su promesa de no tratar temas de la prensa rosa en su magacín.

R. Sí. Y en Cataluña la audiencia me ha dado la razón. Aunque no sé qué habría pasado fuera, con una difusión para toda España. Creo que no es lo mismo encontrar la proporción de una paella para 50 o para 4 personas.

P. ¿Le gustaría trabajar para más comensales?

R. Me es igual que me mire medio millón de personas que tres millones. Creo que se trabaja igual. Si tuviera un restaurante trataría de tener todas las mesas llenas, aunque fuera pequeño. Me gusta la cocina que hacemos, aunque algunos amigos que he conocido en Madrid a lo largo de mi vida profesional no entendieron que dijera que sí a las tardes de TV-3. Para ellos es un paso atrás. Yo estoy bien aquí y tengo ganas de seguir haciendo La columna.

P. ¿Echa de menos un programa en prime time?

R. Vengo de hacer todo el prime time del mundo. La Luna, La Ronda (TVE), La semana que viene (Tele 5)... Lo que hacía en esa franja ahora serían programas destinados a la segunda cadena.

P. ¿Por qué?

R. Porque ahora impera la telerealidad, el humor y el cotilleo extremo, que en algunos casos llega a la indecencia. Yo he renunciado a la noche. No la quiero. En la tarde puedes experimentar.

P. ¿Eso significa que no le gusta la tele que se hace?

R. No exactamente. Si haces una selección por las cadenas en abierto, desde primera hora de la mañana hasta la noche, puedes ver cosas interesantes, como reportajes películas... Siempre encuentras una oferta alternativa. Cuando la gente tiende a culpabilizar a los programadores se equivoca. Todos somos culpables. Y la gente que ve la tele también, por descontado. Su decisión tampoco es inocente.

P. Han pasado algo más de tres años desde que Onda Cero la despidió. ¿Sigue teniendo vértigo a volver a la radio?

R. Me da mucho respeto volver porque la gente que seguía La radio de Julia nos ha mitificado. El programa era bueno, pero sólo era un programa de radio. Cuando la gente muere joven se queda su imagen congelada y fantástica. Me da respeto no estar a la altura de las expectativas.

P. ¿Es el único motivo para aplazar el regreso?

R. No. Por otra parte soy realista y sé que a día de hoy no puedo volver a hacer radio en España. La opción no existe. Habrá que esperar a que vengan otros tiempos. Aún no soy persona grata en la radio. La emisora en la que podría ser bien recibida no dispone de espacio físico y donde realmente haría falta alguien prefieren seguir como están antes que tenerme a mí.

P. En su currículo consta su nombre como finalista de los últimos premios Català de l'Any, que escogen los lectores de El Periódico, y que este año recayó en Manuela de Madre. ¿Cómo se sintió al saberse nominada?

R. Pensé mucho en mi abuelo, gallego. Lloró mucho cuando con dos años mis padres me trajeron a Barcelona. Me vino a la cabeza qué pensaría si estuviera vivo. Es muy agradable que la gente te considere uno de los suyos, pero hubiera encontrado hasta injusto que me hubiera tocado a mí. Lo curioso es que la sensación ante los premios profesionales es diferente. Ésos son del norte. En el norte está el trabajo, los resultados, las cifras. En el sur, los sentimientos, las emociones. Ése fue un premio del sur.


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