Julia: "Cuando una mujer tiene carácter lo llaman histeria"

Julia Otero ha terminado la temporada de La columna y regresa el 9 de septiembre. Foto:MAITE CRUZEl Periódico, 6 de agosto de 2002

Pau Arenós

En agosto de 1989, Julia Otero era una presentadora creciente con el espacio de entrevistas La luna (TVE). Justamente 10 años después intentaron que fuese una periodista menguante. Un complot ideológico-económico la echó de Onda Cero por "elitista e intelectualmente elevada". En el verano feliz de 1989, Otero se veía "pájaro nocturno". Búho real, rapaz, toda ojos.

Julia Otero (Monforte de Lemos, Lugo, 1960) es licenciada en Filología Hispánica, así que distingue el adjetivo del sustantivo. Sabe que el primero es la pólvora y el segundo, la bala. Prefiere usar la bala. No se pronuncia sobre los verbos. Hay dos importantes. Echar: sucedió en agosto de 1999. Era líder de la tarde con La radio de Julia, en Onda Cero, y al final resultó que la radio no era de ella sino de Telefónica, así que también sospecha de preposiciones como de. El otro verbo es construir. Edifica el programa La columna de TV-3.

-¿Los oyentes españoles de La radio de Julia intentan encontrarla?

-Sí. Y me inquieta. El programa de radio tenía muchos oyentes en toda España. El recuerdo de las cosas acostumbra a mejorarlas, de manera que han mitificado aquello. Creo, sinceramente, que era un muy buen programa de radio, pero sólo era eso, un programa de radio. Ha crecido un culto a la memoria que siempre es más generoso que la realidad. Es como añadir levadura, por lo que un retorno a la radio me causa vértigo.

¿Ha habido fans acosadores?

-He tenido perseguidores y perseguidoras. Pero intento protegerme. He bunkerizado mi vida privada, de manera que no doy pistas. Y además con el paso de los años he llegado a la conclusión de que cuanto más misterio generes, mucho mejor. No por el misterio como finalidad sino como manera de borrar las huellas a tu alrededor.

-Eso del misterio es sugestivo. La imagino, como una apache, eliminando las huellas...

-Es un trabajo arduo. No crea que es fácil. Eso quiere decir renunciar por completo a la vida social y estar muy fuera de todos los circuitos. Siempre hay alguien que dice: "No deberías estar tan, tan, tan fuera". Existe la idea equivocada de que cuando haces determinados oficios tienes que estar presente en todas las salsas.

-Quisiera saber de esos misterios. Creo que el espectador la percibe de un modo benigno y yo le veo un punto de mala leche.

-No sé si es punto de mala leche. Es un punto de sustancia. Eso de ir por la vida sin significarse en nada para ser lo más invisible posible y, por tanto, generar los mínimos anticuerpos posibles, en mí no vale. Era aquel consejo de las madres: "No te mojes, no te metas... ". Creo que me significo mucho. Además no me gusta la gente light sin parecer ni opinión, que no se compromete con nada, que pasa de puntillas para no molestar. Como tengo eso asumido, ya está. Esa visión idílica de la bona nena hace tiempo que está enterrada.

-¿Cómo lo ha llamado? ¿Sustancia?

-Es carácter. Si fuese un hombre no estaríamos hablando de esto. En un hombre la ambición es imprescindible. En una mujer esconde algo sospechoso. En un hombre, el carácter forma parte de su personalidad. Cuando una mujer tiene carácter lo llaman histeria. Los adjetivos son distintos para el hombre y para la mujer.

-¿Cuáles son los adjetivos adecuados para usted?

-No lo sé. De entrada tengo mejores relaciones con los sustantivos que con los adjetivos.

-Pues hablemos de sustantivos.

-Yo soy Julia. Una persona tenaz, que busca la felicidad, moderadamente. Soy moderadamente feliz.

-¡Esa moderación es una novedad! La gente, insensata, quiere ser absolutamente feliz.

-Yo busco parcelas de felicidad. José Antonio Marina, mi filósofo de cabecera, me convenció de una cosa: la gente más inteligente es la que sabe ser feliz o sabe buscar la felicidad. Esa idea que sólo el idiota puede ser feliz la tendríamos que desechar.

-¿Cuáles son sus problemas con los adjetivos?

-Que son parciales. Los adjetivos definen un fragmento muy pequeño de un sustantivo y, por tanto, escaso y sesgado.

-¿Mejor relación con las preposiciones y los adverbios?

-¡Con mucha moderación!

-¿Qué les pasa?

-Decir nunca o siempre... Son expresiones peligrosas. Cuando llegas a los 40 años sabes que no las puedes pronunciar impunemente. La memoria está para recordarte cuántas veces has dicho antes nunca o siempre y no has sido capaz de cumplirlo.

-Los críticos de televisión la elogian. Critíquese usted.

-A veces me falta un punto más de valentía para ser más transgresora, para lanzarme, para decir y hacer más. En mí hay una gamberra medio oculta que a veces deja ver la puntita.

Julia Otero, en agosto de 1989. Foto:ALVARO MONGE-En la tertulia de La radio de Julia participaba Ana Palacio, ministra de Asuntos Exteriores. ¿Lo hará bien?

-Creo que es una persona muy competente que sólo vive para trabajar.

-¿Es un cumplido?

-Es una descripción. De entrada me gusta que se llame Ana Palacio y no Ana de Palacio. Ve cómo las preposiciones dicen cosas. Entre llamarse Loyola de Palacio y Ana Palacio hay una diferencia bastante más importante que una humilde palabra con dos fonemas. A mí me parece una buena persona y una mujer competente.

-Es chocante que diga eso porque usted alabar al PP... más bien poco.

-Tampoco encontrará muchos elogios a Convergència o al PSC. Mi trabajo no es elogiar al poder.

-¿Cómo pasó el agosto de 1999?

-Fui una mujer enganchada a un teléfono móvil 20 horas al día.

-¿La llamada más inesperada?

-La de Francisco Álvarez-Cascos al día siguiente de que se hiciera pública la decisión para decirme que no estaba de acuerdo, que no le gustaba que pareciese que el Gobierno había tomado esa decisión y que creía que una decisión profundamente desacertada.

-Las cosas no le ha ido muy bien a Cascos, que va a menos.

-Cascos dice siempre la verdad. No me importa elogiarlo. Aunque no esté de acuerdo con muchas de las cosas que dice, creo que no teme expresar lo que piensa.

-¡Me asusta!

-¿Por elogiar a Álvarez-Cascos? Pienso, como él, que un líder no se puede hacer con estudios de Demoscopia. La función pública, la política, no puede ser de encuesta y márketing.

La periodista, en los jardines de TV3, en Sant Joan Despí-¿Cuál es la cicatriz que más duele?

-La física. La tengo. Me cruza el estómago. Tiene 50 y pico puntos. Ésa duele mucho.

-¿Cuántas operaciones le hicieron?

-Seis. De los 19 a los 24 años. Cuando a los 20 años sabes que te puedes morir, la valoración que haces de la vida es distinta. A los 20 años la gente es inmortal. La contundencia de los quirófanos, de los sueros y de estar conectada a un aparato te da una dimensión más real de las cosas.

-Cuando toca esa cicatriz, ¿qué piensa?, '¿sigo viva?'

-Cuando la veo digo: "Qué rabia, cómo me gustaría tener un estómago fantástico". La cicatriz ayuda a ordenar las prioridades de forma correcta.

-En 1982 colgaba un cartelito en su habitación: "Tauro es un signo de gran paciencia que sabe esperar y que a través de esa constancia y de esa paciencia algún día le llegará el triunfo, y cuando llegue estará preparado". Desglosemos: paciencia, constancia y triunfo.

-Paciencia: no la tengo, soy muy impaciente, cada día, más. Debería aprender a sentarme y a esperar. Hay cosas que me crispan y que me hacen saltar enseguida. ¿Constancia?

-Sí.

-Eso sí. No tengo altibajos. No me puedo permitir que me agobien los factores externos que rodean a un trabajo como éste. Y respecto al triunfo... Triunfar es ganarse bien la vida haciendo cosas de las cuales no te avergüenzas. A los 22 años habría hecho una definición más aparatosa del triunfo. Hoy es, y ya es bastante, eso que le digo.

-Es hija de la inmigración gallega.

-Soy de la patera de la época. Aquellas pateras eran trenes de madera que venían de Galicia y viajaban durante muchas horas. Cuando llegabas a la estación de Francia, la policía pedía la dirección a la que ibas a alojarte porque si no te devolvían a tu casa. Y eso dentro del mismo Estado. En aquella época había tanto movimiento migratorio... Yo llegué a Barcelona hacia finales de 1962 y la policía controlaba que la gente tuviese un destino, tanto laboral como familiar.

-¿Cómo encaja la parte gallega en la catalana?

-De origen y de raíces familiares soy absolutamente gallega porque toda mi familia lo es. El temperamento y el carácter de la familia y del entorno es gallego. Hay que vivir entre ellos para entenderlo. De aquí son mis amores, de aquí es mi hija, el catalán es la lengua materna de mi hija Candela. Soy catalana, sí, pero no quiero olvidar que nací en Galicia.

-¿Qué ha hecho más por usted, la Costa Brava o la Costa da Morte?

-La Costa Brava, hombre, mucho, sobre todo la Costa Brava. Desde los 18 años he hecho mucho daño en la Costa Brava. Fui una niña y una adolescente catalana y después una joven catalana y después una adulta madurita catalana. Todas mis referencias, todos los paisajes de fondo, todos los afectos, toda la telaraña sentimental de mi vida está tejida en Catalunya.

Julia Otero, raíz gallega, alma catalana. Foto:MAITE CRUZ-Su padre es trompetista.

-Tocaba en una orquesta y amenizaba verbenas, fines de año, bailes diversos, fiestas mayores. Los últimos diez años de su vida profesional los pasó en una cobla tocando sardanas.

-Cuando era pequeña, ¿qué canción le dedicaba?

-Los solos de trompeta son la banda sonora de mi infancia. Me tocaba a menudo Mira que eres linda, un bolerazo. Después la ha tocado a su nieta. Hemos heredado la canción.

-Terminaremos apelando otra vez a la filóloga. ¿Qué palabra -no importa si es adjetivo, sustantivo o adverbio- la describe o esclarece?

-Soy una persona... vital. Me gustan los placeres de la vida. Me la he jugado muchas veces por las cosas buenas de la vida, por disfrutar.

-Disfrutar es verbo. ¿Un sustantivo?

-Coherencia.

-Misteriosa es adjetivo.

-Me gusta confundir. En mi círculo inmediato se me venir. Soy transparente en mis reacciones. Pero, por otro lado, me gusta que no sepan bien qué pensar de mí. Me siento bastante libre, dentro de las posibilidades que da la organización social, la familiar y el trabajo. No me gusta ser controlada ni que me organicen la vida.

-¿Y organizar la de los demás?

-Claro que sí.


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