Julia Otero se instala en la radio

Entrevista publicada en la revista Tiempo el 21 de octubre de 1991
Por Antonio Fernández

Pasó por televisión y se llevó de cabeza al personal. Julia Otero dice que no alimenta la fama, aunque sí le gusta exhibirse. Se confiesa tímida e introvertida. Su programa en Onda Cero tendrá que competir con José María García, entre otros.

- Después de cuatro años sin programa propio en la radio, vuelve al medio. ¿Siente los nervios de la primeriza?

- Los tengo siempre. Es una fatalidad que me acompaña sistemáticamente cuando empiezo mis programas. Y no sólo al comienzo de las temporadas, sino diariamente, al empezar cada programa. He perdido la esperanza de que se me cure y creo que tengo suficiente experiencia en radio y televisión como para afirmar que si no se me ha pasado ya, no se me pasará y que seguiré así, fatalmente, toda la vida.

- ¿Cómo ya a ser su nuevo programa?

- Es muy difícil de contar, precisamente porque es muy sencillo. Pretende reflejar lo que de verdad interesa a la gente y que a veces no es aquello que necesariamente está en las portadas de los diarios. Son temas que están ahí y que pueden ser o no de rigurosísima actualidad, pero que interesan, que excitan. Podría definirlo incluso como un programa de reportajes, pero escuchando a la gente. Por ejemplo, me gustaría tener un día al ministro del Interior, pero también, a su lado, al ama de casa, al taxista, al yuppy o al abogado que escuche la radio a esa hora.

- ¿No teme que la comparen con Encarna Sánchez?

- En absoluto. Nuestras personalidades, nuestra manera de ver la vida, de pensar, de hablar, de vocalizar, de expresarnos... Es tan, tan distinta... Incluso nuestros referentes son tan distintos por un problema de geografía, de historia, de formación y de edad... En fin, las diferencias son tantas que creo que a nadie se le va a ocurrir.

- Usted se ha quejado alguna vez de que la discriminación sexista en televisión es brutal. ¿Ocurre lo mismo en la radio?

- Y tanto.

- ¿Y cómo se da?

- En cantidad y en calidad. Hay muchos más hombres. Además, por ejemplo, ¿por qué no se ha confiado una mañana de radio a una mujer? Probablemente porque alguien ha decidido que no hay ninguna mujer que esté todavía preparada o sea capaz de llevarse de calle los dos millones de audiencia que tienen los hombres que hacen radio por las mañanas. Esto cambiará algún día y descubrirán a esa señora. Porque existe.

- Después de "La ronda", ¿ha sufrido usted síndrome de abstinencia de la pequeña pantalla?

- No. Antes al contrario, pienso que si dejo pasar mucho tiempo, cada vez me resultaría más difícil volver. Creo que hay que aprovechar los efectos de una oleada para volver antes de que haya pasado, porque, si no, es tan duro y tan difícil, que al final te puede la pereza.

- Se ha definido en alguna ocasión como feminista. ¿Hasta qué punto lo es?

- Bueno, me han ido definiendo desde fuera y no me importa en absoluto. ¿Hasta qué punto? Pues hasta el punto donde un detractor de las mujeres quiera comprobar.

- Eso parece que es una amenaza velada...

- No, no es una amenaza. Si me piden un pulso, lo echo, pero nunca voy con el hacha. Prefiero emplear otras armas: la ironía, la sutileza. Hay que ir incluso con la sonrisa porque entonces los detractores se quedan sin argumentos y son más fáciles dé vencer.

- ¿Es usted exhibicionista?

- No, en absoluto. No sólo no lo soy, sino que si pudiera me pondría un saco en la cabeza muchas veces. Cuando me pongo ante una cámara de televisión, no es que sea exhibicionista, pero para que funcione el invento hay que sentirse cómodo allí delante y yo me siento cómoda. Después, en mi vida, no soy nada exhibicionista.

- ¿Lo suyo es la timidez?

- Sí, sí, sí. La mía es horrorosa, enorme. Es curioso, porque no me cree casi nadie. En la distancia corta, en el tú a tú, puedo llegar a ser insolente y descarada, pero en la relación pública, en el colectivo, me convierto en un ser tímido e introvertido.

- ¿Qué es lo que le ha dado a usted la fama?

- Yo diría que para hacer una campaña de publicidad, como hice en su momento, que me permitió un año sabático en mi vida. Esa es la inversión más tangible. Por lo demás, algunas preocupaciones.

- ¿La ha cambiado a usted personalmente?

- No. Me he vuelto mucho más humilde. Cada vez siento más inseguridad y cada vez relativizo más. Y tengo claro que es un crédito momentáneo que te da unos intereses. Cuando se acaba el crédito, se acaban los intereses, y punto.

- ¿Hay que alimentar la fama a menudo?

- Mire usted, yo no solamente no la alimento, sino que además le echo bicarbonato. Yo sólo alimento mi trabajo. Entiendo que cuando confían en mí y me encargan un trabajo, intento, que sea lo más digno posible y responda a las expectativas. Si alimentar la fama es eso, pues sí. Pero como interpreto que usted se refiere a ponerse lentejuelas y acudir a según qué sitios, según qué horas y en compañía de según quiénes...

- Pues no, no me refería a eso, sino a lo primero.

- Bueno, pues eso es alimentar el trabajo y la cuenta corriente para poder comer.


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