Julia Otero: "La mayoría de las presentadoras de las cadenas privadas están de adorno"

Entrevista publicada en la revista Blanco y Negro en 1991
Texto: Almudena Guzmán

Su cara de niña buena pero con retranca y ese amable descaro que se gasta ante las cámaras, como si en vez de un plató estuviera tranquilamente en casa con un grupo de amigos, la han convertido en poco tiempo en una de las presentadoras "estrella" de la televisión pública. Julia Otero, que ya lleva ocho años metida de lleno en la profesión periodística, se dio a conocer en la pequeña pantalla con el concurso "3x4", luego cambió de rumbo y se pasó a la entrevista de un solo personaje en "La Luna", y ahora vuelve a demostrar su versatilidad dirigiendo, presentando y moderando "La Ronda"

"La Julia", como la llaman sus compañeros de trabajo, es una rubia dudosa de aspecto frágil y coqueto que deja entrever sin embargo, y al instante, una fuerte personalidad y una gran capacidad para comunicarse con el prójimo de tú a tú, sin ambages ni poses, que ya demostró cuando estudiaba COU y fue elegida unánimemente como tutora de su curso. Desde siempre ha llevado dentro el gusanillo del periodismo, pero aconsejada por una catedrática, "la señora Cardona, siempre me acordaré de ella, era fantástica", decidió matricularse en Filología y no en Ciencias de la Información, "porque yo creo que el periodismo tiene mucho de oficio y que lo que hace falta previamente para dedicarte a esto es tener una buena base como la que te da la carrera de Filología". Al mismo tiempo que bregaba con la Gramática Histórica y los comentarios de texto, Julia empezó a trabajar en la radio y a patearse las ruedas de Prensa. Fueron años de trabajo intensivo, de correr de un lado para otro como una loca, e incluso de levantarse a las cuatro de la mañana para dirigir los primeros informativos de la mañana. De todas formas, esta gallega, afincada en Barcelona desde muy niña, no tiene demasiado claro si su calidad de vida ha mejorado desde el éxito fulgurante que tuvo en la pequeña pantalla con el concurso "3x4". 

- Hombre, yo estaba mucho peor en esa época por unas cosas, pero ahora estoy mucho peor por otras. Levantarte a las cuatro de la mañana es muy duro porque inviertes tu vida respecto a la de la gente que te rodea, y acabas por no ver a nadie y por convertirte en un ser huraño, aislado del mundo, obsesionado por leer todos los boletines informativos del mundo. Pero, por otra parte, tenías la compensación que da la inconsciencia, no como ahora, que siento una tremenda responsabilidad y que encima sé que todo lo que hago es juzgado por la sociedad. A mí, en contra de lo que pueda parecer, el éxito me hace ser más cauta y más pesimista. No olvidemos, además, que la televisión es un medio mucho más cruel que la radio porque si no funcionas te condenan rápidamente al olvido, y si funcionas tienes la sensación de que te miman, sí, pero, ¿hasta cuándo? 

Julia Otero no sabe muy bien en qué radica su rápida conexión con los telespectadores. Se rasca la cabeza, piensa y piensa y al final dice dubitativa que "mi caso es el triunfo de la normalidad. No soy una señora bandera, pero supongo que tengo unos rasgos que son más fácilmente recordables que otros; luego, creo que voy más allá de la comunicación electrónica, del aparato que tengo delante, porque para mí ponerme ante la cámara es una manera de hablarle a los ojos a alguien con cuerpo y alma. Yo me siento fatal en directo ante más de cincuenta personas, pero ante un objetivo me siento muy cómoda, y creo que eso, desde casa, se nota"

- Quizá esa comunicación personalizada la salva de tener que recurrir al "amarillismo", ¿no? 

- Sí, puede que sí, pero, de todas formas, a mí me costaría muchísimo caer en eso, porque creo que el oficio periodístico no me da derecho a radiografiar la vida íntima de los personajes, a no ser que ellos estén dispuestos a hacerlo, claro, porque la verdad es que hay mucha gente en nuestro país que es popular sin haber hecho nada en su vida, salvo vender su privacidad y, entonces, cuando les entrevistas, pues no te queda más remedio que preguntarles sobre esa única faceta. 

- ¿Por qué cree que, a pesar de diseñar y dirigir sus programas, la imagen que se tiene de usted es la de presentadora y punto? 

- Pues probablemente porque en España sigue subyaciendo la misoginia y el machismo. Cuando eres joven y mujer y no eres espantosa, lo primero que se piensan los hombres es que eres tonta, porque resulta mucho más fácil suponer eso que lo contrario. Pero esto a mí no me preocupa demasiado, estoy muy tranquila respecto a mí misma, porque sé el trabajo que me cuesta cada programa, Lo que importa son los resultados y, por el momento, son buenos. 

- ¿Le han puesto muchas zancadillas? 

- No, y supongo que yo tampoco las he puesto. Creo que es muy cierto aquel refrán de "quien siembra tormentas, recoge tempestades". Siempre me he sentido muy compañera de la gente que me rodea y aquí por lo menos, en Barcelona, todos los que trabajamos en la televisión pública somos muy solidarios. 

- Y eso de que es usted una feminista acérrima, ¿es cierto? 

- No, qué va. Soy una feminista divertida, con mucho sentido del humor. Yo quiero lo bueno del feminismo y lo bueno del machismo, tengo tanta cara que lo quiero todo, las reivindicaciones justas de nuestro sexo y la parte estética del machismo. Nunca renunciaré a que me abran las puertas y me enciendan los cigarros siempre que haya un caballero dispuesto a hacerlo. En mi opinión, ya no es productiva la beligerancia, el estado de continuo cabreo hacia el hombre: me parece mucho más rentable convencer a un señor de lo que quieres guiñándole un ojo que no hinchándoselo. Las mujeres no debemos renunciar a eso que tanto les gusta a los hombres, porque así les vendemos lo que no les gusta, 

- La verdad es que no me explico de dónde se saca la gente que usted es ingenua.

- Ni yo tampoco (se ríe). Pero, como decía Pirandello, "así es si así os parece". Los que tenemos una imagen pública, a veces construida al margen de nosotros, debernos acostumbrarnos a parecer cosas que en realidad no somos, ya sea en lo positivo o en lo negativo.

- ¿Y hay mucha diferencia entre lo que usted parece y lo que es? 

- La diferencia siempre existe. No sé si se acuerda de esa ley física que dice que la luz en algunos cuerpos opacos se refracta y en otros los traspasa; pues bien, yo creo que la imagen que se tiene de un determinado personaje es aquella que traspasa, pero no hay que olvidar que hay otras que no llegan al espectador. 

- ¿Su cambio de "look" ahora mucho más sofisticado que el anterior, se debe en parte a la competitividad que debe mantener con las otras cadenas, pródigas en presentadoras cañón? 

 - No, en absoluto. Lo único que pasa es que me he tenido que adaptar a un tipo de programa diferente. Yo no puedo presentar programas como "La Luna" o "La Ronda" con unas bermudas y una camiseta como hacía en el "3x4". En las cadenas privadas hay señoras maravillosas, en efecto, pero no me cambiaría por ellas, porque a la inmensa mayoría les dan muy pocas posibilidades de hacer cosas interesantes, ¿no?, suelen ser elementos de lujo, están de adorno y nada más. De todas formas, yo nunca he competido ni competiré físicamente con nadie: soy como soy y punto. 

- ¿Pero no le preocupa un poco esa competencia, digamos "ilegal"? 

- No, eso sería considerar que la audiencia es tonta, y yo creo que no, que la audiencia tiene criterio y acaba por quedarse con el producto que quiere, por muchos cebos que le echen. La prueba es que la gente ya está mostrando los primeros síntomas de cansancio ante el destape televisivo, que yo comparo al sarampión erótico que pasó la Prensa en su momento. 

- ¿Por qué esa fidelidad a la televisión pública? Supongo que las cadenas privadas le habrán hecho ofertas muy jugosas. 

- Sí, tuve conversaciones, pero al final decidí apostar por la continuidad. Las empresas no las hacen los jefes sino los trabajadores, y yo estoy muy a gusto con mi equipo actual, que de hecho es el mismo que tuve en el "3x4" y en "La Luna". Por otra parte, no nos engañemos, la primera cadena de televisión española sigue siendo la mejor televisión del país y una de las mejores de Europa, aunque muchos sonrían cuando oyen esto. Pero si tanto el director general de nuestra cadena como incluso los de la competencia así lo reconocen, digo yo que por algo será. 

- ¿Piensa volver a la radio algún día? 

- Bueno, volví puntualmente con "Protagonistas", el programa de Luis del Olmo, y me divertí mucho haciendo entrevistas. No es que descarte totalmente regresar a la radio, pero a diferencia de otra gente que ha llegado desde este medio a televisión, confieso que no añoro tanto la radio porque la televisión me apasiona, y está muy claro que vamos a un mundo de imágenes. Por eso me parece absolutamente anticuada la teoría que aún defienden muchas personas de que la televisión es incultura y zafiedad si la comparamos con los otros medios de comunicación. Si hasta las guerras se declaran o no cuando los presidentes de dos países se comunican a través de la televisión, creo que no se puede denigrar tanto este medio como se le denigra. 

- ¿Por qué ha renunciado en "La Ronda" a la entrevista de un solo personaje? 

- Porque al final de "La Luna", además de estar vacunada contra los programas de un solo entrevistado porque son muy difíciles y acaban cansando bastante, tenía la sensación de que estaba haciendo lo mismo que en la radio pero en la televisión, y entonces se me ocurrió diseñar un programa en el que se rompieran los esquemas rígidos de la entrevista en profundidad a un solo personaje, y en el que se presumiera un poco del medio televisivo, dando más importancia a la imagen. 

- ¿Qué personaje de los que ha entrevistado se lo ha hecho pasar peor? 

- Eso no lo diré nunca, porque todo el que acepta mi invitación y se presta al juego, ya sólo por eso merece todos mis respetos. 

- No debió disfrutar mucho entrevistando a Mario Conde.

- Sinceramente, yo creo que él lo pasó peor que yo; por eso puse la otra mejilla para que se relajase, porque la verdad es que empezó matando moscas a cañonazos, aunque luego bajó la guardia. Pero yo, insisto, no me sentía mal, únicamente sufría por él. Es una pena, porque cuando se quita la coraza del todo es un hombre con una conversación muy divertida. 

- ¿Y el personaje más agradable? 

- Hubo mucha complicidad con Gutiérrez Mellado, con Anthony Quinn, con Montserrat Caballé, que es una señora que sabe muy bien lo que quiere contar y lo que no, y cuando no quiere no te deja, pero que en mi programa contó cosas que antes no había contado, como lo de su tumor. 

- ¿Cree que las críticas que recibió por su entrevista con Alfonso Guerra fueron completamente injustas? 

- Hombre, yo no soy perfecta y, seguro que la cosa hubiera podido salir mejor de lo que salió, como todas las demás entrevistas que he hecho. Pero creo que no fueron justas en la medida en la que se me reprochó un ambiente de cordialidad que siempre ha reinado en mis entrevistas; entonces, pienso que lo que no se puede hacer es no reprochar en general y en cambio hacerlo con alguien en particular. En el caso de Guerra, yo me planteé que me interesaba más la persona que el político, porque como político el retrato se podía haber hecho en cualquier otro programa, y en cambio, difícilmente se encontraría otro espacio más adecuado que "La luna" para hablar de él como individuo. Además, convendría recordar que la entrevista se produjo un mes antes de que estallase el escándalo de Juan Guerra (lo digo porque éstas son cosas que algunos prefieren olvidar) y que, a pesar de todo, en la entrevista salieron cosas fuertes como lo del "mystère" y su misoginia. Lo que pasa es que yo siempre escondo las preguntas agresivas bajo unas formas correctas, es mi manera de confundir un poco al personaje y, por lo que veo, también al espectador. 

- ¿A quién se le ocurrió la idea de entrevistarlo? 

- A mí, naturalmente, a cualquier periodista le interesaría entrevistar a Alfonso Guerra. Me costó mucho convencerle, y recuerdo que cuando aceptó mi invitación me dijo: "No sé si te hago un favor o una canallada, porque hagas la entrevista que hagas, siempre habrá quién diga que yo exigí venir a este programa". Después de esto, ya no me sorprendió nada de lo que pasó después, claro, porque si resulta que el interesado va y me dice eso antes de la entrevista es que la cosa se presenta fea. 

- ¿Por qué esa entrevista no fue en directo? 

- Por la misma razón que no fue en directo la de Mario Conde o la de Isabel Pantoja: porque tenía esa nocne un compromiso que no podía eludir y hubo que grabarla por la tarde. Pero le aseguro que se grabó y se emitió sin ningún tipo de montaje. 

Para Julia Otero, el periodista es "sencillamente un mensajero, tal y como lo definieron los griegos; entonces, tan culpables son los que quieren matar al mensajero por el hecho de serlo como aquel mensajero que se siente Mesías. En eso soy absolutamente humilde respecto a mi oficio, creo que la honestidad y la claridad sólo se dan cuando el periodista se siente exclusivamente un mensajero y deja que sean los receptores, y no él, quienes saquen las conclusiones. Odio el sensacionalismo y los cotilleos de las revistas del corazón". 

- Pues sale bastante en este tipo de prensa. 

- Una cosa es que salgan fotos mías, que sólo se hacen durante el programa, y otra que yo abra las puertas de mi casa para ese tipo de reportajes, cosa que no he hecho ni haré en la vida. A mí nunca me verá fotografiada con chándal en el gimnasio, ni esquiando, ni posando en fuentes y jardines como yo digo (se ríe). No quiero ser un personaje, quiero hacer mi trabajo lo mejor posible y nada más. 

- Quién lleva mejor su popularidad, ¿usted o su marido? 

- Los dos la llevamos igual de bien o igual de mal. De todas formas, piense que él, en Cataluña, es tan famoso como yo porque presenta los informativos de TV3, y entonces, cuando vamos juntos por la calle, los dos somos respecto al otro una flecha que señala. La verdad es que hemos vivido todo esto en paralelo y no nos ha cambiado para nada nuestra vida de puertas para adentro. 

- La vida de un periodista, Julia, ¿es vida? 

- ¡No, es un asco! No acabas a una hora determinada, siempre estás con los puntos suspensivos. Para colmo, como es una profesión tan obsesiva, tus amigos también son periodistas y no hablas de otra cosa que del trabajo. No puedo hablar con mucha contundencia del futuro, pero me parece que no voy a seguir muchos años ante la cámara; detrás, sí, me encantaría en un futuro dedicarme exclusivamente a dirigir y realizar programas. En eso sí que he cambiado de actitud, porque antes no me preocupaban los entresijos técnicos del medio y ahora, en cambio, lo miro todo con los ojos de quien está detrás de la cámara.


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