Julia Otero: Cara a cara

Entrevista publicada en El Semanal el 7 de noviembre de 1993
Texto de Fernando Urias

Pertenece a la subespecie de animales telegénicos. Galimatías tras el que se ocultan satisfactorios paneles de audiencia, jugosos contratos publicitarios y fidelidad popular. Saltó a la fama con el concurso 3 por 4 y se consagró con La Luna. ¿Encantadora de serpientes, mujer fatal, entrevistadora virginal? Ahora seduce desde la radio.

Usted transmite una imagen entre virginal e ingenua. ¿Es pura pose?

Creo que ésa es una imagen de los que leen sólo literalmente. Como acuñó un periodista, hay una mezcla entre virginalidad y perversión.

¿Me quiere convencer de que es usted una perversa que se contiene?

Puede ser eso, o puede ser una mujer virginal que se pervierte ante la cámara. Y entre ambas, sinergia en estado puro.

¿Este doble juego es imprescindible para que una mujer triunfe en los medios de comunicación?

No lo sé, pero en mi caso no es una estrategia, sino mi personalidad.

¿La prensa es machista?

Claro, como la sociedad. A fin de cuentas, la prensa no es más que su reflejo.

¿Por qué entrevista a más hombres que mujeres?

¿A cuántos ministros puedo entrevistar? A diecisiete. ¿Cuántas son mujeres? Tres. Pues eso.

¿Alguna vez ha tenido que seducir literalmente en la pantalla a algún entrevistado?

Hubo un juego de provocación con Anthony Quinn antes de salir al plató. Me dijo: "Veamos quién gana el juego. Yo intentaré seducirla a usted y usted a mí, ¿ok?"

¿Qué personaje se lo ha puesto más difícil?

Mario Conde no me lo puso nada fácil. Era su primera entrevista en el medio y le faltaban tablas. Y Claudia Schiffer, por la falta de contenido y enjundia personal.

¿Por qué ahora mismo sólo está en la radio y no en la televisión?

No me gusta el tipo de programas que puedo hacer en la televisión. Por suerte, los directores de las cadenas tienen más prisas que yo en que vuelva.

¿Presentaría un reality-show?

No.

¿Es usted una feminista acérrima?

¿Se lo parezco?

Digamos que, a veces, me parece que juega a serlo.

Pues si lo dice y además mantiene mi juego de seducción, bienvenido sea el calificativo.


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