Elogio de la ficción

Acaban de venderse decenas de miles de libros, aunque muchos se cerrarán para toda la eternidad tras haber leído su destinatario la cálida dedicatoria de la primera página. Que en España se lee poco es una conclusión ya clásica de cualquier estudio orientado hacia los hábitos de lectura. El último, encargado por el Gremio de Libreros y hecho público esta semana, detecta que la mitad de los paisanos no abre jamás un libro, y enfatiza que no es cierto que las mujeres sean mejores lectoras que los hombres. Centrémonos en esto último. El estudio, al no hacer ascos a ningún género, cosa muy comprensible si uno es librero, considera de la misma forma un manual de bricolaje que un libro de relatos, un best-seller sobre el último escándalo que una novela de amor. Los hombres leen tanto como las mujeres, aunque están abandonando las librerías a favor de los quioscos: desertan de la ficción para abrazar la realidad (supuestamente). Algunos sociólogos hablan, por eso, de la feminización de la lectura como un hecho incontestable; al parecer, leer novelas se ha convertido, a ojos de muchos, en "cosa de mujeres". Si eso fuera cierto estaríamos ante un curioso escenario. Mientras que unos se interesan, como decía Elias Canetti, por la verdad que cambia cada día (la de los periódicos), las otras se sumergen en invenciones novelescas que sin embargo, si son buenas, son eternas y universales. Los primeros libros envejecen pronto y mal, los otros pueden ser visitados siglos después para obtener respuestas siempre vigentes.

¿Quién creen que entiende mejor el fenómeno Mario Conde, el que leyó vorazmente las hagiografías del personaje o quien devoró "La hoguera de las vanidades"?

Julia Otero
Periodista


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