Editorial del miércoles 25 de Septiembre de 2002

El laboratorio de investigación del Transporte de Inglaterra ha estudiado durante 3 meses la incidencia del teléfono móvil sobre la conducción. Las conclusiones no son, quizá, sorprendentes, pero llegan incluso más allá de nuestras peores suposiciones. Escuchen: el tiempo de reacción de un conductor que habla por teléfono es el 50% más lento. El doble de tiempo para afrontar una situación inesperada de peligro es mucho tiempo, aunque hablemos de décimas de segundo. Quizá la diferencia entre la vida y la muerte, o en el mejor de los casos, entre la vida y un buen trastazo.

Aunque no se produce una circunstancia de emergencia, el estudio ha comprobado que un conductor que habla por teléfono móvil, es incapaz de mantener una velocidad constante y por tanto la distancia de seguridad correcta.

Cambiar el aparato por el sistema de manos libres no arregla mucho la cosa. No es igual hablar con alguien sentado al lado del piloto que hablar por teléfono con alguien que no participe en la situación del tránsito y que, por tanto continúa dándonos conversación, ajeno a lo que pueda pasar.

Es decir que es muy peligroso. Eso que hacen muchos conductores de esconder el teléfono cuando ven a la guardia urbana, continuar conversando 20 metros más adelante, es una patética manera de engañarnos a nosotros mismo. Antes o después la castaña será para nosotros.

Bona tarda. Comença La Columna.


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