Editorial del martes 10 de Septiembre de 2002

Dice la sabiduría popular que las armas las carga el diablo, pero es la condición estrictamente humana, a veces tan inexplicable, la que convierte las escopetas o las pistolas en instrumentos diabólicos.

El sábado pasado, dos hermanos de Sevilla, de 33 y 36 años, se sentaron delante del televisor. Como pasa en tantas familias, no se pusieron de acuerdo sobre qué programa querían ver. La discusión por el mando a distancia acabó cuando uno de los hermanos cogió una escopeta de caza, la cargó con cartuchos y disparó dos tiros: uno a la tele y el otro al pecho de su hermano. Murió en el acto. No hablamos de una familia desestructurada o marginal... Hablamos de una conocida familia de joyeros de la capital andaluza.

Los expertos en conductas criminales dicen que casi todos seríamos capaces de matar... en determinadas circunstancias. Seguro que aún recuerdan aquel terrible episodio de un conocido periodista de Madrid que mató a un hombre en una simple discusión de tránsito.

En EUA hay 230 millones de armas en manos de la población civil. Dicen que es para defenderse, pero a menudo los que no se pueden defender son las víctimas de su locura armada.

No nos engañemos, cuantas menos armas, más seguros.

Bona tarda. Comença La Columna.


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