Editorial del martes 25 de septiembre de 2001

Esta tarde, por primera vez en la historia española, el Congreso de los Diputados debatirá en pleno la equiparación de los derechos de los homosexuales, sobretodo, en lo que hace referencia al matrimonio.

Muchos gay y lesbianas españoles quisieran casarse, por eso el presidente de su Federación Estatal, Pedro Zendo, ha pedido hoy al Partido Popular que permita la libertad de voto a sus diputados.

La iniciativa conjunta de casi todos los partidos a la izquierda del PSOE tiene pocas posibilidades de ser aprobada si el PP se opone en bloque a esta reforma del código civil.

Lo más triste -según unas palabras de una diputada de Izquierda Unida- es que algunos diputados populares votaran en contra de sus propios derechos. Cosa por otro lado, nada insólita: la disciplina de votos ha hecho votar históricamente muchos diputados en contra de su propia conciencia.

"Progres" que dieron el SÍ a la OTAN; gente de derechas, en cambio, que se abstuvo; separados que se opusieron a la ley de divorcio, o catalanes votando a favor del Plan Hidrológico...

La disciplina, a veces, hace pasar vergüenza. 

Bona tarda. Comença La Columna.


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