Editorial del lunes 17 de Septiembre de 2001

Bush ha pedido a los americanos el esfuerzo de la normalidad, el retorno a las cosas cotidianas. Una exhortación al patriotismo que aconseja volver a las tiendas, arar la tierra, o ir a los partidos de Béisbol.

El mundo, sin embargo, tiene la respiración contenida. Es cierto que vamos metabolizando las imágenes más crueles que hemos visto nunca, si más no, la gente de nuestra generación; es evidente que el ataque terrorista, si más no, ya no es tema único de los periódicos, programas e informativos. Quien más y quien menos hace caso a George Bush: la gente va al cine, al fútbol y se enfada con el tránsito, sobretodo si es el primer día de escuela. Pero todos sabemos que se prepara la guerra. Hace días ya que nos avisan. Ahora bien, cómo, contra quién y con qué consecuencias, lo ignoramos. Lo más grave es que, lo ignoren también aquellos que están a punto de declararla.

Este no es el principio de un programa de entretenimiento. Somos conscientes. Pero las cosas son como son y nos tendremos que acostumbrar, de ahora en adelante, a hacer mezclas imposibles. Sangre y hígado y bombardeos, con música, moda, libros o fútbol.

Hoy, que comienza una semana, que probablemente no acabará sin sorpresas, hemos querido compartir con ustedes estas reflexiones que no son más perversas que la realidad. 

Bona tarda. Comença La Columna.


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