Editorial del jueves 11 de Octubre de 2001

La gente hacemos cosas muy raras. En el fondo somos imprevisibles, todos podemos tener un mal día, todos podemos convertirnos en personas peligrosas.

Dice la sabiduría popular más pacifista, que quien lleva un arma, tarde o temprano, la utiliza.

¿Cuántas discusiones de tránsito irrelevantes han acabado, por ejemplo, en tragedia?

Nuestra cultura no es afortunadamente amiga de las armas. Las lleva quien las tiene que llevar para el trabajo y se supone que es para protegernos. Bien, pues, el 18 de Octubre del 96, un policía municipal de Barberà del Vallès decidió comenzar a repartir tiros en un descampado de la población. ¿Quién era el enemigo? Una banda... ¡¡¡de ratas!!!

Hoy, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha ratificado la sanción de once meses de suspensión de sueldo y trabajo al John Wayne raticida de Barberà.

El exceso de celo le hizo cometer una falta grave de negligencia por el uso inadecuado de su arma reglamentaria.

El agente está, desde entonces, de baja.

Nosotros también estamos disgustados.

Nos gustaría que los que pasean armados por al lado nuestro, no fueran imprevisibles.

Ellos no se lo pueden permitir... y nosotros tampoco, porque un mal día podríamos ser sus ratas.

Bona tarda. Comença La Columna.


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