Editorial del lunes 26 de noviembre de 2001

Diez mil madrileños le han pedido a su alcalde que le dedique una calle al héroe anónimo que hizo posible la desarticulación del comando Madrid de ETA el seis de noviembre. Esta petición es un poco curiosa en uno de los pocos países que ni siquiera tiene un monumento al soldado desconocido.

El señor Álvarez del Manzano respondió que no puede abrir un expediente sin el nombre de una persona y que esto no es posible porque el héroe en cuestión no quiere. Sólo faltaría!!!!

El ciudadano madrileño que, lleno de coraje, siguió durante 20 minutos la ruta de los terroristas por las calles de la capital, debe de pensar a estas alturas que lo más heroico es haber soportado la presión de tanto afecto de los periodistas, políticos y otras personas anónimas como él.

No hemos olvidado aquel periódico madrileño que en su editorial pedía que todo el mundo respetara el secreto de su identidad, y luego, cinco páginas más adelante, informaba de que dos de sus redactores lo habían localizado, sabían donde vivía, y habían ido a hablar con él.

En un mundo que sólo quiere espectáculo, el espectáculo se tiene que conseguir al precio que sea.

Deseamos que, de una vez, dejen en paz a este hombre... y que como dice un clásico, "que no lo quieran tanto, que lo quieran mejor", es decir, que lo olviden de una vez.

Bona tarda. Comença La Columna.


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