Editorial del lunes 19 de Noviembre de 2001

Mañana es 20 de noviembre. El 20-N...

Esta fecha, hasta hace un año estaba grabada en la memoria de todos. Ahora ya se tiene que comenzar a recordar que es el día que murió Francisco Franco. De hecho, en según qué ambientes y según qué generaciones, además de recordar la fecha del olvido, se les tiene que recordar la figura del muerto, por que casi ignoran sus "proezas históricas".

Mañana, que hará 26 años de aquel "Españoles: Franco ha muerto", en la iglesia de Santa María de Beade en Ourense, volverán a celebrar la misa tradicional en honor del "caudillo". El alcalde del pueblo, casualmente del PP, ha pedido este año refuerzos a la Guardia Civil para garantizar la celebración de los santos oficios. Para que no vuelva a suceder como hace 3 años, que se suspendieron por falsa amenaza de bomba.

Cincuenta agentes de la Guardia Civil, que pagamos entre todos, tendrán que proteger a un grupito de nostálgicos que hace 26 años reza por el ánima de su héroe, ignorando que no hay plegaria que le haga ir al cielo, si no es que estamos equivocados respecto a lo que significa ser cristiano.

La misa la debe decir un capellán, claro... Y aquí viene la pregunta: ¿cómo es que la jerarquía eclesiástica se mete en la vida privada de los profesores de religión y no hemos oído decir nada de las intervenciones públicas de sus asalariados?

No es el de la Santísima Trinidad, pero también es un misterio.

Bona tarda. Comença La Columna.


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