Editorial del lunes 12 de Noviembre de 2001

Ayer domingo, a las nueve de la noche, el señor Pascual Estevill, que por desgracia para muchas personas fue juez, cogió la maleta y se presentó en la prisión de Cuatro Caminos para cumplir la condena de siete años que le impuso el Tribunal Supremo.

Sin todavía ninguna orden de prisión, pero a punto de dictarse, el señor Estevill decidió voluntariamente comenzar el cumplimiento de su pena, según su abogado "porque los malos ratos cuanto antes mejor".

Las cuatro personas que, el entonces juez Estevill, hizo detener ilegalmente, no han tenido mas remedio que pasar malos ratos, víctimas de la prevaricación más infame. Según la justicia, no ha habido el mínimo indicio de culpabilidad en ninguno de los cuatro.

Aun así la condena no se refiere a este hecho gravísimo, sino a las deudas fiscales del señor Estevill, quien en su currículo delictivo no falta de nada: a la condena de siete años por cuestiones fiscales, se le han de añadir causas pendientes por delitos como soborno, prevaricación y detención ilegal.

La última esperanza de cualquier ciudadano, víctima de una injusticia, es siempre un tribunal. Pocas cosas producen más alarma que saber que detrás de la "mesa", hay un delincuente.

Bona tarda. Comença La Columna.


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